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Carlos Rodríguez Braun

Sangrías varias

En tiempos de Aznar los accidentes laborales eran una queja constante, sin que nadie se preocupara de advertir que en realidad los accidentes de trabajo estaban disminuyendo en proporción al incremento notable del número total de trabajadores.

Carlos Rodríguez Braun
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Escuché en una radio a un biempensante que lamentó la emigración de titulados universitarios africanos, y la llamó "sangría". Recordé que en numerosas ocasiones se ha utilizado esta expresión para clamar contra los accidentes laborales, y de hecho conservo este titular de ABC: "El trabajo mata a una persona cada tres minutos y medio en la UE".

La emigración de cualquier persona no es una sangría sino una forma de acumular capital humano. No es un mal sino un bien para esa persona, que en caso contrario adoptaría una actitud diferente. Pensar que los universitarios africanos deberían quedarse en su tierra natal para no "desangrarla" es ignorar que si quieren marcharse es porque les conviene, dadas las alternativas realistas que tienen a su disposición. ¿Por qué lo que le conviene a una persona va a ser malo para el país?

Dirá usted: porque los contribuyentes financian las universidades africanas, y no es justo que una vez formados los licenciados se vayan. Pero si esto es así la injusticia no se resuelve con aún más intervención sino con menos, por ejemplo, reduciendo los impuestos que pagan los africanos y liberalizando la educación universitaria, de modo que no haya tantos licenciados en paro ni, en consecuencia, tantos incentivos para salir del país.

En cuanto a la sangría de los accidentes laborales, es interesante que se hable ahora relativamente menos de ella, aunque de cuando en cuando aparece un caso terrible como el reciente del inmigrante boliviano ilegal que perdió un brazo. En tiempos de Aznar era una queja constante, sin que nadie se preocupara de advertir que en realidad los accidentes de trabajo estaban disminuyendo en proporción al incremento notable del número total de trabajadores. Algo parecido ha sucedido con los accidentes de tráfico, que, al revés de lo que todo el mundo piensa, habían caído espectacularmente mucho antes del carné por puntos en relación con el número de coches o de kilómetros recorridos.

El titular de ABC también puede relacionarse con los errores en la interpretación de los accidentes, por inferencias causales espurias. Es evidente que el trabajo no mata: si matara morirían millones de trabajadores por el hecho mismo de serlo. Del mismo modo, la velocidad no es "la primera causa de los accidentes": si lo fuera, morirían millones de ciudadanos que conducen rápido sin provocar ni provocarse daño alguno.

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