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El sobreendeudamiento no puede explicarse apelando a la voracidad de los empresarios, porque el estímulo a pedir prestado afectó tanto a codiciosos como a no codiciosos: las finanzas no primaron ni han primado nunca la competencia y la desregulación.

Carlos Rodríguez Braun
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El notable economista y premio Nobel Amartya Sen ha recordado que Adam Smith criticó a los "pródigos y proyectistas" que se endeudaban excesivamente para acometer inversiones ruinosas. Según Sen esto describe bien a los empresarios de las hipotecas subprime de tiempos recientes y su búsqueda "jadeante" de beneficios. Cree que todo esto se debe a la confianza en el mercado desregulado, confianza basada en la ingenuidad de suponer que no hay pródigos.

Smith no se opuso a la búsqueda incansable de beneficios sino a esa búsqueda cuando violaba las leyes o quebrantaba la libertad natural, por ejemplo, en el caso de las actividades protegidas por el Estado. Si el ansia de ganar dinero subyació en el mercado hipotecario, no puede ser analizada independientemente del hecho crucial de la expansión monetaria orquestada por las autoridades, y que condujo a unos tipos de interés reales nulos o incluso negativos. En tales circunstancias, el sobreendeudamiento no puede explicarse apelando a la voracidad de los empresarios a la hora de ganar dinero, ya que el estímulo a pedir prestado afectó tanto a codiciosos como a no codiciosos, porque en la moneda y las finanzas no primaron ni han primado nunca la competencia y la desregulación.

Por cierto, Smith habla de los pródigos y proyectistas en La Riqueza de las Naciones para respaldar el intervencionismo monetario a la hora de fijar los tipos de interés, pero no para impedir que bajen sino para impedir que suban. Alegó que si hubiera libre competencia los pródigos ofrecerían pagar más intereses a los bancos y arrebatarían la financiación a los empresarios prudentes.

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