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Según Joaquín Leguina, el encarecimiento del suelo es la prueba del fracaso del “neoliberalismo carpetovetónico”. Según el Informe Semanal de Política Exterior el origen de “casi todos” los problemas de Venezuela es ¡el petróleo!

Los dogmáticos clichés de los socialistas, cuyo miedo a la libertad les hace verla detrás de todo lo que no funciona, también les impiden ver lo más obvio: el suelo no es un paradigma liberal, no sólo directamente, en términos de impuestos explícitos e implícitos, y toda suerte de regulaciones y exacciones, incluyendo las viviendas llamadas públicas o sociales, sino también indirectamente –no suelen reflexionar acerca del efecto que sobre el precio del suelo tiene la reacción de los ciudadanos ante otras intervenciones del Estado, desde el tratamiento fiscal del ahorro y la inversión (incluída la compra de viviendas, claro), hasta la legislación restrictiva de los alquileres.

Es difícil percibir en qué medida habría mejorado la suerte de los venezolanos de haber sido la naturaleza más tacaña con su país, privándolo de sus copiosas reservas petrolíferas. Si los sucesivos gobiernos de Caracas no han sido capaces de respetar la libertad, la justicia y la propiedad, lanzándose sobre el petróleo y empleándolo como arma política y granero clientelar y corruptor, no cabe echar culpa alguna sobre el oro negro. Después de todo, también tienen petróleo los noruegos, los británicos y los estadounidenses, y no parece que ello haya redundado en la miseria, el despotismo y la corrupción que afligen a los venezolanos.

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