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Carlos Rodríguez Braun

Vuelve el capitalismo salvaje

Lo del "capitalismo salvaje" es notable. Me pregunto por qué a tantos intelectuales, artistas y periodistas, jamás les llama la atención que se hable con naturalidad de capitalismo salvaje pero nunca de socialismo salvaje.

Carlos Rodríguez Braun
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Como la retribución de los asalariados representa un porcentaje decreciente del PIB en los últimos años, y en cambio el excedente bruto de explotación aumenta su participación, Concha Martín se pregunta en páginas de información de El País: "¿Está resucitando el fantasma del capitalismo salvaje?". Bárbara Celis entrevista al escultor Richard Serra, que declara: "el mercado busca perpetuar el arte de pedestal" y "los objetos por su naturaleza se convierten en mercancías".

Lo del "capitalismo salvaje" es notable. Me pregunto por qué a tantos intelectuales, artistas y periodistas, jamás les llama la atención que se hable con naturalidad de capitalismo salvaje pero nunca de socialismo salvaje. En fin, sea como fuere, lo que no es evidente es que la cifra a la que hace referencia doña Concha tenga que ver con el capitalismo.

No es inverosímil, por ejemplo, que haya aumentado el número de empresarios o profesionales autónomos, mientras que en los asalariados hayan aumentado los inmigrantes, que suelen empezar cobrando salarios bajos con respecto a la media de los nativos. Los beneficios de las empresas se reparten entre millones de accionistas, muchos de ellos trabajadores, lo que no parece nada salvaje. Conviene, pues, tener cuidado.

El que no tiene cuidado es don Richard. Atribuye en primer lugar al mercado una existencia casi física y corpórea. Pero el mercado no es una persona ni un ente colectivo asambleario, sino la resultante de un proceso complejo donde un número enorme de personas, en su mayoría desconocidas entre sí, toman al mismo tiempo decisiones que se traducen en resultantes imprevisibles. En algunos casos son irrisorias y onerosas, como cuando se perdió en el Reina Sofía una escultura de Serra de casi 40 toneladas. No, no estaba en un pedestal sino, lógicamente, en el suelo, y lógicamente había sido pagada con dinero de los contribuyentes, una interesante dimensión del arte de nuestro tiempo.

El señor Serra atribuye asimismo tendencias mercantiles a los objetos. No es así. Los objetos no son mercancías "por su naturaleza" sino por la intervención de los seres humanos, como mínimo dos, el que quiere comprar y el que quiere vender. La voluntad libre es mediatizada cuando se obliga a alguien a pagar, por ejemplo, se fuerza al ciudadano a pagar las obras expuestas (o no) en los museos públicos, una interesante dimensión del arte de nuestro tiempo.

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