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Carmelo Jordá

Demostrado: a más libros, menos piratería

Si es más fácil comprar libros electrónicos y tenemos a nuestra disposición catálogos más amplios, no nos dedicamos a descargar esos libros para luego lanzarnos a una carrera loca de piratería.

Carmelo Jordá
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Una vez más internet en particular y los consumidores en general respaldan con su comportamiento un análisis razonable y pensado pero al mismo tiempo tan sencillo que no hacía falta ser un gurú de la nube para que se te ocurra: resulta que cuantos más libros electrónicos se ofrecen de forma legal y a precios competitivos menor es la piratería.

¡Sorpresa!

Leo la explicación en un largo pero interesante y detallado artículo de Teleread, una de las páginas de referencia sobre el mundo de los libros electrónicos, y los resultados de su estudio (basado en los datos de Google Trends) reflejan que desde la explosión de los dispositivos de lectura como el Kindle en 2008 el interés por la descarga de copias gratuitas de libros ha ido frenado su crecimiento (que venía siendo muy importante) hasta llegar a un incremento prácticamente cero a principios de este 2010.

Tengamos en cuenta que, como bien recalcan en Teleread, este frenazo tiene lugar en un momento en el que los dispositivos de lectura se han abaratado y popularizado, es decir, que el número de posibles "piratas" ha crecido exponencialmente.

Y en lugar de la terrible hecatombe de lectores con parche en el ojo y pata de palo que difícilmente podían sostener su ereader con su garfio nos encontramos con que el porcentaje de usuarios que recurre a buscar por la red libros por la patilla es menor.

Se trata de la enésima profecía apocalíptica desmentida por internet y los consumidores que la usan, y además apunta a una explicación que hemos defendido aquí en multitud de ocasiones y que también señalan en Teleread:

"Es difícil saber a ciencia cierta lo que está pasando, pero una interpretación de estos datos es que el aumento en los últimos dos años de la disponibilidad de libros electrónicos legales y los entornos más amigables para los consumidores han ahogado el crecimiento de la demanda de libros electrónicos provenientes de fuentes ilícitas".

Dicho en un lenguaje más sencillo: si es más fácil comprar libros electrónicos y tenemos a nuestra disposición catálogos más amplios, no nos dedicamos a descargar esos libros para luego lanzarnos a una carrera loca de piratería mandándole el archivo a nuestra lista de contactos de correo y colgándolo de todas las páginas de descarga que seamos capaces de encontrar: simplemente compramos libros y los leemos.

O incluso dándole la vuelta al argumento: no porque se pongan menos libros electrónicos a la venta será más difícil piratearlos ni esa "complicadísima" tarea tecnológica estará sólo al alcance de unos poco frikis tecnológicos, sino que muchos usuarios que en realidad están dispuestos a pagar por ellas tendrán que encontrar sus lecturas en los únicos lugares que se las ofrecen.... Y, encima, les saldrán gratis, es decir, no producirán ningún beneficio a la industria editorial.

El miedo es libre, por supuesto, pero la realidad es tozuda y cuando pienso en negocios que viven de los temores se me ocurren más cosas relacionadas con la seguridad que con la edición.

Carmelo Jordá es redactor jefe de Libertad Digital. Puede seguirlo en Twitter.

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