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¿Entrevistar a Maduro?

Sólo desde el más alto punto de la arrogancia periodística se explican cosas como la entrevista a Maduro que ha perpetrado Jordi Evolé.

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El expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro | EFE

El periodismo es un oficio de arrogantes, de gente con una alta consideración de sí mismos. Digo esto como un dato y me incluyo en esos calificativos: supongo que son imprescindibles un cierto nivel de arrogancia y un ego bien pertrechado para creer que tus análisis siempre son buenos, que tus opiniones tienen interés y merecen ser escuchadas, que tú sabes más de casi todos los temas que la gente que te lee, te ve o te escucha. Mea culpa también, lo reconozco.

Pero para todo hay niveles en esta vida y sólo desde el más alto punto de la arrogancia periodística se explican cosas como la entrevista a Nicolás Maduro que ha perpetrado Jordí Evolé y el anuncio que el tirano asesino le ha grabado a su "amigo Jordi".

Sólo desde la absoluta arrogancia y desde la más brutal egolatría -y también desde la búsqueda inmoral de la audiencia a cualquier precio- se puede explicar la necesidad ‘periodística’ de una entrevista que no sólo es a un dictador deplorable, inmoral y asesino, sino que es a un personaje que tiene acceso garantizado a los medios de comunicación de todo el mundo y al que todos conocemos desde hace años.

Pero claro, sin las incisivas preguntas de Jordi Evolé es imposible que el universo todo sepa de verdad lo que hay detrás del personaje, sólo la especial química que el Follonero despliega con a sus invitados permite que se caigan las máscaras. Maduro lleva años en la cima del poder, hablando por los codos en mítines, declaraciones, entrevistas y hasta con programas de televisión propios, pero hete aquí que hasta que Evolé se ha dignado a concederle una entrevista el ser humano permanecía ignoto y sus intenciones desconocidas: ¿querrá abandonar el poder pacíficamente o se aferrará a él? ¿Es de izquierdas o de derechas? ¿En la Comunidad de Madrid votaría por Errejón o por Iglesias? Sólo Evolé puede obtener sagazmente las respuestas a estas preguntas que tienen a la humanidad en vilo.

Por supuesto, cuando dices algo sobre esto te asaltan los biempensantes partidarios del periodismo newtral y te preguntan condescendientemente si no hay que tener en cuenta todas las versiones y si tú no entrevistarías a Maduro. Pues miren: no, no me interesa igual el relato de Hitler que el de los supervivientes de Auschwitz; no creo que tenga el mismo valor el testimonio de las víctimas de ETA que el de sus asesinos; entrevistaría a los compañeros de infortunio de Solzhenitsyn, pero no a los hijos de puta que diseñaron el Gulag y lo llenaron de inocentes.

Algunos de ustedes se preguntarán por qué y no voy a ser tan arrogante de hurtarles la explicación: los comunistas soviéticos, los bárbaros etarras o el criminal Hitler han hablado ya de sobra, en libros, en leyes, en artículos y, sobre todo, a través de sus repugnantes actos. Como Maduro, Jordi, como Maduro, por eso yo no veré la entrevista y por eso no contribuiré a la búsqueda inmoral de share que, disfrazada de periodismo comprometido, se esconde también detrás de esta infamia.

Carmelo Jordá es redactor jefe de Libertad Digital. Puede seguirlo en Twitter.

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