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Carmelo Jordá

Fiasco Libranda

Aunque Libranda crea que no tiene competencia, lo cierto es que la tiene y que será fuerte y, además, en muchas ocasiones luchará con armas muy duras como la gratuidad absoluta. Más les vale espabilarse.

Carmelo Jordá
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Imaginen una librería (de las de papel de toda la vida) en la que usted quisiese entrar y fuese difícil encontrar la puerta (en algunos casos prácticamente imposible); imaginen que una vez dentro resultase que hay muy pocos libros y que algunos, misteriosamente, hubiesen perdido sus portadas; imaginen también que fuese extraordinariamente difícil encontrar un volumen determinado porque las estanterías no están bien ordenadas o que, por ejemplo, cuando preguntase al tendero por los libros de Pamuk le respondiese que no puede buscar por autor...

Sigamos con el ejercicio mental: piensen sólo por un instante en la posibilidad de que al plantear al librero todos estos problemas éste le respondiese algo más o menos así: "Es que he abierto hoy, ya iré arreglando esos problemillas", pero ese mismo librero llevase meses anunciando su apertura a bombo y platillo y no fuese un pequeño comerciante emprendedor sino un pool de grandes multinacionales.

Ahora dejen de imaginar, entren en Libranda y encuéntrense con el panorama desolador que hemos descrito en los dos primeros párrafos.

Y es que este jueves se ha lanzado la esperada iniciativa de varias grandes editoriales españolas en el campo de los eBooks, y pese a que es un proyecto sostenido por empresas de un tamaño más que notable (auténticas multinacionales de la edición) y pese a que se supone que lleva meses preparándose ha nacido con carencias que me parecen bastante graves.

Claro, que se nos dice que es una versión beta y eso es cierto, pero me pregunto por qué debemos considerar con más indulgencia el entorno digital sobre el entorno "real", y más cuando estamos hablando de una iniciativa en la que, en teoría, se espera que nos gastemos nuestro dinero.

El problema, para Libranda, es que en internet una experiencia negativa de un usuario puede alejar a éste de una web durante mucho tiempo, quizá para siempre si encuentra lo que va buscando en otros lados. De hecho, los comentarios que se pueden encontrar en Twitter sobre la iniciativa son en general negativos y algunos apuntan ya en esa línea: "Libranda está muuuuuuuuy lejos de encontrarse entre mis páginas habituales", dice un usuario.

Me da la sensación, puede que equivocada, de que los promotores de esta iniciativa están cayendo en un error que a largo plazo podría resultar letal: creer que al agrupar a los principales actores del mundo analógico no se va a tener competencia en internet.

Pero si algo nos ha enseñado la historia de los contenidos en la red es que eso no es cierto: por mucho que seas el dueño de los contenidos eso no garantiza que la gente no los use, intercambie o publique en internet, y no quiero con eso justificar nada, sólo constato una realidad.

En definitiva: aunque Libranda crea que no tiene competencia, lo cierto es que la tiene y que será fuerte y, además, en muchas ocasiones luchará con armas muy duras como la gratuidad absoluta. Más les vale espabilarse.

En fin, una vez que hemos dicho todo esto, es cierto que algunos de estos problemas se pueden solucionar, que el enfoque de algunas cosas podría cambiar e incluso no hay que descartar que acaben entendiendo internet. Entonces lo contaremos y, por supuesto, nos alegraremos.

Carmelo Jordá es redactor jefe de Libertad Digital. Puede seguirlo en Twitter.

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