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Carmelo Jordá

¿Han oído hablar de la fotografía digital?

Por aquel entonces y desde mis limitados conocimientos en la materia me sentía muy "auténtico" y "experto" profetizando que pasarían muchos años antes de que la calidad de la fotografía digital pudiese competir con la de la imagen analógica.

Carmelo Jordá
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Normalmente en este pequeño rincón de internet sobre libros y tecnología comparamos el advenimiento de los libros electrónicos con la irrupción hace unos años de la música en formato digital y a través de internet. Hoy, para variar, quiero que echemos una mirada a otra de las grandes revoluciones tecnológicas de los últimos tiempos: la que ha vivido el mundo de la fotografía.

Sí, estoy de acuerdo con ustedes en que se trata de una actividad y un mercado difícilmente comparables al de la lectura, pero aún así creo que es interesante que exploremos algunos aspectos.

Hace unos diez años fui el responsable de una de las publicaciones pioneras dentro del mundo de la fotografía digital, lo que me dio pie a empezar a familiarizarme con esa tecnología por entonces poco menos que incipiente.

Hablamos de la época en la que los píxeles empezaban a medirse en megas y en la que una cámara destinada al mercado profesional tenía un sensor de sólo dos ó tres; de cuando las ampliaciones difícilmente podían llegar al tamaño de un folio y de trastos más bien pesados, con escasa calidad y que, en definitiva, se usaban casi más por curiosidad que por su verdadera utilidad práctica.

Por aquel entonces y desde mis limitados conocimientos en la materia (escasos pero mayores que los de la mayoría) me sentía muy "auténtico" y "experto" profetizando que pasarían muchos años antes de que la calidad de la fotografía digital pudiese competir con la de la imagen analógica.

¿Muchos? En el 2006, es decir, sólo seis años después, Nikon decidió dejar de producir cámaras para película, ya que el 95% de su mercado se había "pasado" a la nueva tecnología.

Yo mismo he comprobado después las bondades de lo digital: la facilidad para obtener imágenes sin que cada una de ellas suponga un sobrecoste, las posibilidades del procesado a nuestro alcance con sólo un ordenador y un programa eficaz, el placer de compartir imágenes a través de la red, las propia internet como foro donde contactar con otros aficionados, incluso la comodidad del revelado on line gracias al cual nos mandan las fotos a casa sin que tengamos que preocuparnos de ir y volver a la tienda...

Es cierto que la tecnología digital a nuestro alcance sigue sin llegar al maravilloso nivel de calidad que nos proporcionaba una diapositiva Fuji Provia 100 perfectamente expuesta (lo siento, nunca fui del Kodachrome), pero sí nos ofrece la suficiente para el 95% de los usos y, sobre todo, la cantidad de ventajas que nos da por otro lado hace que prescindamos felices de ese plus de perfección.

Ahora piensen en la bella perfección de la página de un libro en buen papel, maravillosamente blanco y cuidadosamente impreso, con los márgenes adecuados, el tacto suave y agradable e incluso su olor penetrante y delicado al mismo tiempo...

De acuerdo, un libro electrónico no nos ofrece toda esa experiencia, pero cuando lo veo me acuerdo de la fotografía digital.

Me entienden, ¿no?

Carmelo Jordá es redactor jefe de Libertad Digital. Puede seguirlo en Twitter.

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