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Incompatible con la vergüenza

Cuando Irene Montero reniega de este sistema económico es, obviamente, porque considera deseable la implantación de otro: el comunista.

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Irene Montero, junto a Isa Serra en un acto de partido. | EFE

En esta política preescolar que nos ha tocado vivir, en lugar de ideas y propuestas los partidos prefieren coleccionar eslóganes, lo que los publicistas llaman ideas-fuerza pero que en realidad son poco más que frasecitas sobre las que mediocres loritos vuelven una y otra vez, con tanta convicción como escasa reflexión.

Se nota mucho cuando el departamento de creación de paridas de turno cree haber dado con una sucesión mágica de palabras que logrará el éxito electoral y la vemos repetida una y otra vez, ahora aplicada a la reforma laboral, después al cambio climático y más tarde a la vuelta de Zizou al Bernabéu si es menester, que tampoco es que tengan mucha capacidad de improvisación.

Es lo que ocurre en este momento en Podemos, donde una hiperactiva Irene Montero aprovecha sus últimos días antes de la segunda venida del macho alfa para machacar una y otra vez con una frase que repite en cuanto tiene la mínima oportunidad: "Este sistema económico es incompatible con la vida", dice antes de volver a su chalé con piscina junto a un parque natural.

La frase es simple, pero no por ello desmerece de cierto análisis: cuando Montero habla de "este sistema económico" se refiere exactamente a un capitalismo que, pese a sus imperfecciones, le ha permitido, con sólo 31 años, tener un trabajo muy bien remunerado, que su pareja también lo tenga, que ambos hayan podido adquirir una lujosa casa y que una situación médica de notable seriedad, como el nacimiento de dos bebés prematuros, no sólo se haya resuelto satisfactoriamente desde el punto de vista clínico –de lo que me alegro mucho– sino que, además, lo haya hecho sin suponer ningún menoscabo patrimonial.

Y en segundo lugar, pero no menos importante: si la lideresa de Podemos reniega de este sistema económico es, obviamente, porque considera deseable la implantación de otro y, en este sentido, ¿qué posibilidades reales tenemos? Pues por mucho que busquemos sólo hay una: la alternativa al capitalismo no es la socialdemocracia noruega, es el comunismo.

El comunismo que hace que Corea del Norte no sea capaz de proporcionar comida a su pueblo; el que ha sumido a Cuba en más de medio siglo de miseria y hambre; el que ha convertido a Venezuela en un país en el que, ni siquiera teniendo una de las mayores centrales hidroeléctricas del mundo y las más grandes reservas de petróleo del planeta, tienes asegurado el suministro de luz eléctrica.

El comunismo que durante 100 años de aplicación real ha causado 100 millones de muertos en las cuatro esquinas del planeta y que sigue matando directa e indirectamente, por ejemplo en los hospitales de Caracas.

Ese sistema sí que ha demostrado ser incompatible con la vida y no el que ha permitido a Irene Montero y otros líderes de Podemos vivir a cuerpo de rey, pero que a ellos sí les ha hecho incompatibles con un mínimo de vergüenza.

Carmelo Jordá es redactor jefe de Libertad Digital. Puede seguirlo en Twitter.

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