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Carmelo Jordá

Inocente, culpable y Echenique

Entre los inocentes y los culpables, Podemos siempre elige a los segundos.

Carmelo Jordá
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Entre los inocentes y los culpables, Podemos siempre elige a los segundos.
EFE

Yo creo sinceramente que alguien que ha sido condenado por un delito tan grave como el asesinato tiene derecho a rehacer su vida, pero aun así tengo serias dudas sobre que sea la persona adecuada para representar a sus conciudadanos como político. De hecho, hay países –por ejemplo, en muchos estados de los EEUU, a los que me sigue pareciendo difícil que les demos lecciones de democracia⎯ en los que una vez has pasado por la cárcel no puedes volver siquiera a ejercer el derecho al voto. Quizá eso sea excesivo, pero a mí, puestos a elegir entre extremos, me parece más sano que dejar que los delincuentes se presenten a las elecciones y salgan elegidos.

Es obvio que en Podemos no piensan lo mismo: no sólo están a partir un piñón con Arnaldo Otegi, condenado por secuestro y pertenencia a banda armada, sino que en las últimas elecciones municipales presentaron de candidata por Ávila a Pilar Baeza, que había sido sentenciada a muchos años de prisión nada más y nada menos que por asesinato.

Por supuesto, Baeza es un caso mucho menos grave que el de Otegi: ella sí se confiesa arrepentida de todo aquello y sí rehizo su vida, no como el bildutarra, que jamás ha derramado un lágrima ni de cocodrilo y salió de su última estancia en la cárcel para seguir haciendo lo que hacía antes: justificar el terror y perseguir los mismos fines que había perseguido como terrorista. Aun así, arrebatar la vida voluntariamente a una persona es algo tan tremendo, es un abismo moral tan grande, que yo creo que te descalifica para ciertas cosas el resto de tu vida; y una de ellas es ser político, tarea para la que a otros se pide una ejemplaridad tan absoluta que si te colaste en el metro en 1986 y lo descubren en 2020 estás acabado… siempre que seas de derechas, claro.

La historia se quedaría en este debate que no deja de ser conceptual si no fuera porque Podemos es un partido tan especializado en la bajeza moral que siempre puede caer más profundamente en el hoyo: cuando saltó el escándalo de la candidatura de Baeza –¿de verdad habían pensado que nadie diría nada?–, sus líderes no sólo defendieron a la culpable, sino que para hacerlo acusaron a un inocente, nada más y nada menos que al propio asesinado.

Ahora, en una sentencia tan dura como merecida, Pablo Echenique y Juanma del Olmo han sido condenados a pagar 80.000 euros por decir públicamente que la víctima había cometido una violación, lo que jamás se demostró. Mira tú, por cierto, los de la brigada antibulos, cómo los van soltando.

Culpar a la víctima de un delito cruel para ayudar políticamente al victimario es un comportamiento de una vileza difícilmente igualable, pero hay que reconocer que está plenamente integrado en la tradición de la izquierda que Podemos y sus líderes reivindican y dicen representar: desde Lenin, todas las dictaduras rojas no sólo han acabado con la vida de millones de inocentes, en muchos casos también con su honor, tras acusarlos de todos los delitos imaginables, la mayor parte de los cuales los cometían los líderes comunistas y sus esbirros.

Tampoco debe sorprendernos demasiado en aquellos que acusaron falsamente a su propio abogado de acoso sexual para poder despedirle; pero aunque no haya sorpresa sí hay una constatación: la de la despreciable condición moral de Echenique, Del Olmo y todo un partido que entre los inocentes y los culpables siempre elige a los segundos, y encima luego va por ahí impartiendo lecciones de ética.

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