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Carmelo Jordá

La Cumbre del Clima es una prueba de la estafa climática

La única que se lo cree de verdad es la pobre Greta, que tiene 16 años y está como está. Los demás, incluidos sus padres, están ahí o para figurar o para pillar.

Carmelo Jordá
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La única que se lo cree de verdad es la pobre Greta, que tiene 16 años y está como está. Los demás, incluidos sus padres, están ahí o para figurar o para pillar.
EFE

Afortunadamente, estoy fuera de Madrid –no hay nada como huir de la capital cuando se celebra uno de estos aquelarres políticos, y más si encima está aderezado por una de las huelgas de los cafres de la EMT–, pero un amigo me ha hablado de las procesiones de coches oficiales que recorren la ciudad a cuenta de la Cumbre del Clima.

Un mandatario en un coche de gran cilindrada y luego una cohorte de acompañantes: en total una decena de vehículos circulando a toda velocidad y emitiendo gases como si no hubiera un mañana porque ni uno sólo era eléctrico. He comentado el tema en Twitter y mucha gente ha respondido contando que se han encontrado muchas caravanas similares en otros puntos de la ciudad.

Ninguno de los vehículos era eléctrico, insisto, aunque eso tampoco quiere decir mucho: Sánchez primero ha circulado en uno que sí lo era para volver por la tarde al enorme y pesadísimo coche con motor de combustión que suele usar. No sé qué es peor: que contaminen como locos o que con ese postureo vengan a decirnos que nos toman por imbéciles.

Treinta mil personas van a pasar por el sarao en los próximos días –me gustaría saber cuántas de ellas se han pagado la fiesta de su bolsillo–; esto implica no sólo las caravanas de políticos por Madrid, sino los viajes en avión, las estancias hoteleras, las calefacciones que se accionan con calderas que, como los coches, consumen los satánicos combustibles fósiles, los miles y miles de comidas, productos, servicios… Todo para que, finalmente, ni siquiera se llegue a un acuerdo que de verdad avance en las políticas de reducción de emisiones para evitar el apocalipsis climático que pregonan.

Sí, ya sé que lo mejor que nos puede pasar es que no haya un acuerdo impuesto por esta cuadrilla de liberticidas, pero creo que esa falta de utilidad real deja a todos los calentólogos que viven alrededor de esta enorme mentira ante la evidencia de su propia trola, pues si se creyesen que estamos al borde de la extinción no montarían saraos inútiles que suponen unas emisiones brutales.

Pero tampoco debemos sorprendernos: si los ecologistas pensasen de verdad que se aproxima el fin del mundo, promocionarían la única energía que es ya una alternativa real a los combustibles fósiles, barata y viable para muchísimas aplicaciones: la energía nuclear.

Mientras no hagan acepten la evidencia de que con centrales nucleares se podrían reducir de verdad las emisiones de CO2, y mientras sigan gastando nuestro dinero en costosísimas fiestecitas que son una aberración desde su propio punto de vista, yo seguiré sin creerme a estos profetas de pacotilla… porque ni ellos mismos se creen lo que dicen.

Y es que, visto lo visto, la única que se lo cree de verdad es la pobre Greta, que tiene 16 años y está como está. Los demás, incluidos sus padres, están ahí o para figurar o para pillar.

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