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Carmelo Jordá

La verdad es la verdad… aunque la digan los barones

¿Hipócritas? Probablemente. ¿Un poco caraduras? Lo más seguro. Pero tienen razón, se ponga como se ponga Pedro Sánchez.

Carmelo Jordá
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¿Hipócritas? Probablemente. ¿Un poco caraduras? Lo más seguro. Pero tienen razón, se ponga como se ponga Pedro Sánchez.

Mientras el PSOE decide si su próximo Comité Federal debe ser a espada o a pistola, es pertinente analizar la filtración que este lunes ha sido portada en todos los medios digitales y en la que, de forma perfectamente planificada, ha quedado a la vista de todos la situación de un partido que está, precisamente, partido en dos.

Ha sido una operación en toda regla, con la participación de los sospechosos habituales –especialmente la radio de Prisa, la empresa que siempre ha servido para defenestrar socialistas–, y, oyendo las intervenciones, se diría que cuidadosamente guionizada.

Pero que todo sea una operación cuyo fin principal es hundir (más) a Pedro Sánchez no quita que prácticamente cada una de las frases que hemos podido oír sea cierta. Sí, también es verdad que muchos de los que critican a su secretario general han hecho exactamente lo mismo allí donde gobiernan, los pocos que gobiernan.

Es el caso, por ejemplo, de Fernández Vara, que advierte del riesgo mortal de los pactos con los separatistas y está en el Gobierno extremeño con los votos de Podemos, que ni le hacían falta para la investidura; o, todavía más sangrante, el del aragonés Lambán, que se apoya no sólo en los independentistas de la Chunta sino en los podemitas comandados allí por Echenique.

¿Hipócritas? Probablemente. ¿Un poco caraduras? Lo más seguro. Pero tienen razón: se ponga como se ponga Pedro Sánchez, no es lo mismo llegar al Gobierno de la Junta de Extremadura con el apoyo de Podemos que llegar a la Moncloa con Pablo Iglesias de vicepresidente; no tiene nada que ver aliarte en las Cortes Aragonesas con una Chunta que ni ella misma espera ver un Aragón independiente en vida, que hacerlo en el Congreso de los diputados con unos independentistas catalanes que ya están en pleno proceso de sedición.

Todos estamos hartos ya de ver Gobiernos autonómicos –y no digamos municipales– con pactos aparentemente imposibles para pasar por encima del partido más votado –habitualmente el PP, por cierto–, pero esa es una combinación que todavía no hemos visto en el Gobierno nacional. Y con Iglesias de vicepresidente. Y con el apoyo de los independentistas. Casi na.

Por otro lado, de ninguno de esos acuerdos dependía la propia existencia del PSOE. Sí, es más que posible que no estén contribuyendo a que el futuro de los socialistas sea particularmente esplendoroso, pero los han hecho y después de eso todavía han sido el segundo partido más votado incluso con un candidato tan pésimo como Sánchez. Ahora la disyuntiva es otra, inédita: si el PSOE se equivoca probablemente morirá –tampoco es descartable el óbito si acierta–, así que nada de tonterías.

Sí, Pedro, ya sé qué piensas que son todos unos hijos de Satanás, y no te digo que no tengas algo de razón, pero la verdad es la verdad… aunque la digan los barones.

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