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Carmelo Jordá

Piratearte puede ser una gran publicidad

El resultado final es predecible: más conocimiento público, más lectores y, finalmente, más ingresos. Estaremos de acuerdo en que no es un comportamiento excesivamente ético, pero sí que parece rentable de alguna forma.

Carmelo Jordá
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Curioso descubrimiento el que hace la web Gooedreader: algunos autores piratean sus propios libros para promocionarse. Sí, no es broma: varios autores que lógicamente prefieren mantenerse en el anonimato suben ellos mismos sus libros a espacios como The Pirate Bay como una forma de publicidad, de "hacerse un nombre".

Al parecer hay dos versiones de este comportamiento, aunque lo que se busca en ambas es lo mismo: publicidad. La primera consiste en subir tú mismo los libros para luego denunciar las webs en las que estén alojados y, a partir de ahí, beneficiarse de la publicidad y la polémica que se generen.

El resultado final es predecible: más conocimiento público, más lectores y, finalmente, más ingresos. Estaremos de acuerdo en que no es un comportamiento excesivamente ético, pero sí que parece rentable de alguna forma. Especialmente miserable es el caso de un escritor cuyos libros no descargaba nadie... hasta que los unió como "pack" a otros de autores más conocidos antes de pasar a la denuncia.

Una joyita el amigo, pero según el artículo ahora puede dedicarse por completo a la escritura.

La segunda forma común de promocionarse es más honesta: simplemente se pone a disposición de los lectores la propia obra, libros anteriores en los que él propio autor controlaba todos derechos y con los que, renunciando a los potenciales ingresos, favorecía las ventas de sus últimas obras, obteniendo una mayor rentabilidad.

Traigo estos curiosos casos a colación porque creo que en ocasiones tenemos una mirada demasiado simple sobre el problema de la piratería, excesivamente superficial. Por supuesto no estoy defendiendo que se pueda descargar todo de todos sin más, pero creo que se sobrevalora el daño económico que esto puede hacer al mundo del libro y se desprecian las posibilidades que puede ofrecer a la hora de promocionar un autor, una novela o una colección de libros.

Por otra parte, como ya hemos dicho en alguna ocasión es cierto que los escritores no pueden dar conciertos y en ese sentido parecería que se les cierra una de las fuentes sustitutivas de ingresos que sí tienen los músicos para compensar la caída de las ventas, pero esto es olvidar que también hay "bolos" en los que un escritor puede ganar dinero: artículos en prensa, conferencias, mesas redondas, textos de encargo...

En cualquier caso, si yo pudiese elegir preferiría ser un escritor muy pirateado y muy conocido que mantener mis derechos de autor en un estado de pureza virginal y ser un perfecto desconocido... Es cuestión de gustos.

Carmelo Jordá es redactor jefe de Libertad Digital. Puede seguirlo en Twitter.

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