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Carmelo Jordá

Sólo disimulo, y no mucho

Las posibilidades de un acuerdo que no sea una vergüenza que haga revolverse en su tumba a los centenares de víctimas mortales (hoy es imprescindible recordar esa lista) son de una entre un trillón.

Carmelo Jordá
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Llegó el tan esperado (y tan negado hace no demasiado tiempo) día del comunicado de ETA. Llegó el alto el fuego –que no tregua– que de hecho ni siquiera es formulado como tal, sino que se habla de "no llevar a cabo acciones armadas ofensivas". De las palabras "permanente" o "definitivo" nunca jamás se supo.

Una vez más (y van...) ETA decepciona hasta a sus más "comprensivos" amigos y nos da la razón a los que defendemos que es la misma pandilla de asesinos de siempre: no sólo el comunicado es un nuevo canto a lo imposible, con sus referencias a "un País Vasco socialista"; sino que además los etarras se cuidan muy mucho de ofrecer nada que pueda servir como agarradero para lanzar al vuelo las campanas de un nuevo "proceso de paz".

Es importante señalar que el comunicado que hemos visto hoy es todavía más desesperanzador (para los que tuviesen alguna esperanza, claro) que el excretado en marzo de 2006: como ya hemos dicho ni siquiera se toman la molestia de hablar de alto el fuego permanente, expresión que sí usaron hace cuatro años, y todo se enmarca dentro de una sarta todavía más larga y obtusa de chorradas propagandísticas e increíbles.

Tan magra es la esencia de lo anunciado por la banda que nos evidencia un par de cosas: que no hay una verdadera voluntad de dejar de asesinar, extorsionar y amenazar; y que los que esperan que los terroristas den algunos pasos para poder vender la burra vieja de la paz a la opinión pública mejor harían en esperar no ya sentados sino más bien tumbados.

Todo es un paripé para que los asesinos sigan en los ayuntamientos y se puedan tejer determinadas alianzas políticas con una ETA presuntamente blanqueada; todo es un baile de disfraces, pero los etarras ni tan siquiera tienen ganas de bailar su parte de esta danza del disimulo.

Así las cosas, una vez más los que se han acercado a los asesinos etarras han quedado desautorizados moralmente, por supuesto, pero también desairados políticamente. La banda sigue siendo la colección de delincuentes iluminados que ha sido siempre; Batasuna y la "izquierda abertzale" no son más que sucursales del grupo criminal; y las posibilidades de un acuerdo que no sea una vergüenza que haga revolverse en su tumba a los centenares de víctimas mortales (hoy es imprescindible recordar esa lista) son de una entre un trillón.

Y pese a todo seguirán intentándolo y tratarán de camelarnos: en un par de días empezarán a surgir los "etólogos" que nos hablarán de las "señales" y los "cambios en ese mundo". Pero las señales nos las tenían que haber dado hoy y en lugar de una bengala han encendido una cerilla.

Carmelo Jordá es redactor jefe de Libertad Digital. Puede seguirlo en Twitter.

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