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Carmelo Jordá

Ya ocurrió con el rollo y el códice

"En Estados Unidos, el libro digital no le quitó el 20 por ciento al libro impreso sino que ha hecho crecer el mercado". Vaya, ni yo mismo lo hubiera dicho mejor.

Carmelo Jordá
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Muy lejos de las cifras impresionantes que hace unos días celebraba en estas mismas páginas mi querido y admirado Daniel Rodríguez Herrera, resulta que esta es la quincuagésima columna que dedico en Libertad Digital a los libros electrónicos, lo que dado su carácter quincenal significa que llevamos casi dos años dando la tabarra con el tema.

No es que se le quede a uno cara de predicador en el desierto, porque este desierto está bastante más lleno de gente de lo que parece, pero sí que conforta ir viendo como sólo los más obtusos en el mundo del libro se mantienen voluntariamente fuera de este camino digital.

Esa es la conclusión que saco repasando alguna de las informaciones que se han publicado en las últimas semanas sobre la Feria del Libro de Frankfurt, uno de los principales encuentros de la industria editorial en el mundo y el más grande de Europa.

Podemos leer en ellas frases como la que pronunciaba el director de la Feria, Jürguen Boos, en su inauguración: "Ya ni siquiera podemos hablar de diferentes formatos sino de una nueva era de la edición. No tenemos otra opción que cambiar". Y no sólo admitió la inminencia y lo inevitable del cambio, sino que incluso reconocía lo positivo que puede ser para el sector: "En Estados Unidos, el libro digital no le quitó el 20 por ciento al libro impreso sino que ha hecho crecer el mercado". Vaya, ni yo mismo lo hubiera dicho mejor.

No nos quedemos sólo en las palabras de Boos, los titulares en la prensa nos hablan de "revolución digital", "edición 2.0", de "cambiar la forma de leer" o incluso, tal y como escribe un veterano periodista, de rendirse a la tableta: "El futuro está en la tableta. Ya ocurrió al sustituir el rollo por el códice", una interesante comparación.

Más tristeza tiene uno al leer un pequeño reportaje sobre cómo las editoriales españolas aprovechaban la feria para culminar sus acuerdos con las grandes plataformas y lo describía con una frase que debería hacer a más de uno darse de golpes contra la pared: tras describir los primeros pasos timoratos del sector en lo digital admite que "ya todo el mundo ve hoy que hay que empezar a correr".

¿Y que es empezar a correr? Pues lanzarse en los brazos de los grandes (Amazon, Apple, Google) y que estos les impongan sus condiciones. Eso no tiene que ser necesariamente malo (no creo que lo sea para los consumidores, desde luego) pero sí me deja un sabor amargo a oportunidad perdida: en este campo, teniendo la segunda industria editorial del mundo y un mercado de centenares de millones de posibles lectores quizá España podría haber jugado un papel distinto del típico "que inventen ellos".

No será porque algunos, desde modestísimas tribunas como ésta, no les avisamos.

Carmelo Jordá es redactor jefe de Libertad Digital. Puede seguirlo en Twitter.

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