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El estrepitoso fracaso de Obama

Al parecer, Estados Unidos debe responder a la llegada al poder de sus enemigos simulando que son sus amigos.

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Hace unas semanas, en una ceremonia oficiosa de investidura celebrada en la Plaza Tahrir de El Cairo, el nuevo presidente de Egipto de la Hermandad Musulmana, Mohamed Mursi, se quitaba su máscara de moderación. Ante una multitud de varios miles de personas, Mursi prometía trabajar por la liberación de una prisión federal estadounidense del jeque Omar Abdel-Rahmán.

Según la crónica de su discurso publicada en el New York Times, Mursi dijo: "Veo pancartas entre la multitud en defensa de Omar Abdel-Rahmán y fotografías de detenidos. Es mi deber y mi voluntad hacer todos los esfuerzos para ponerlos en libertad, Omar Abdel-Rahmán incluido".

Conocido en otros ámbitos como el jeque ciego, Abdel Rahmán fue el cerebro de la célula yihadista de Nueva Jersey que perpetró el atentado de 1993 contra el World Trade Center. Su célula también asesinó al rabino Meir Kahane en Nueva York en 1990. Tenían planes de asesinar al entonces presidente Hosni Mubarak. Pretendían volar por los aires monumentos neoyorquinos, incluyendo los túneles de Lincoln y Holland y el edificio que alberga la sede de las Naciones Unidas.

Rahmán era el líder de la Gama'a al-Islamia, el Grupo Islámico, colectivo responsable, entre otras cosas, del asesinato en 1981 de Anwar Sadat. Reconocida autoridad religiosa sunita, Rahmán redactó la fatua o sentencia islámica que autorizaba el asesinato de Sadat como pago por la firma del tratado de paz con Israel. El grupo islámico está incluido entre la lista de organizaciones terroristas de especial peligrosidad del Departamento de Estado.

Tras su condena en relación con el atentado en 1993 contra el World Trade Center, Abdel-Rahmán decretó otra fatua declarando la yihad contra Estados Unidos. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, Osama bin Laden citaba la fatua de Abdel-Rahmán como justificación religiosa. Al exigir la puesta en libertad de Abdel-Rahmán, Mursi se alinea junto a su gobierno con los enemigos más jurados de los Estados Unidos. Al exigir la puesta en libertad de Abdel-Rahmán durante la ceremonia oficiosa de investidura, Mursi indica estar más interesado en hacerse con la aclamación de los yihadistas más violentos y obsesionados con América en el mundo que en cultivar buenas relaciones con América.

Y en respuesta al acto supino de enemistad de Mursi, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, invitaba a Mursi a visitarle en la Casa Blanca.

Mursi no es el único partidario a ultranza de Abdel Rahmán que disfruta de la hospitalidad de la Casa Blanca. Su organización terrorista personal también ha sido receptora de la generosidad de la administración. A pesar del hecho de que el código federal convierte en delito apoyar a miembros de organizaciones terroristas de especial peligrosidad, el Departamento de Estado invitaba el mes pasado al integrante Hani Nour Eldin, parlamentario recién elegido de la cámara egipcia dominada por los islamistas, a visitar Estados Unidos y reunirse con altos funcionarios en la Casa Blanca y el Departamento de Estado como parte de una delegación de parlamentarios egipcios.

La portavoz del Departamento de Estado, Victoria Nuland, se negaba a dar alguna explicación de la decisión de la administración de violar el código federal con el fin de recibir a Eldin en Washington. Nuland dijo simplemente: "Tenemos interés en dialogar con una muestra amplia de egipcios que pretenden modelar pacíficamente el futuro de Egipto. El objetivo de esta delegación... es celebrar consultas con ambos grupos pero también con los del gobierno, con un amplio abanico de gente que representa a todas las franjas de la política egipcia".

Mursi no es el único líder árabe que apoya a los terroristas y es apoyado por el gobierno estadounidense. En un suceso aparentemente independiente, esta semana salía a la luz que en un intento por satisfacer el acuciante deseo de la administración Obama de renovar las negociaciones entre los palestinos e Israel y de satisfacer el insaciable deseo de los palestinos de homenajear a los terroristas, el primer ministro Binyamin Netanyahu habría ofrecido poner en libertad a 124 terroristas palestinos homicidas en cárceles israelíes a cambio de mantener una reunión con el secretario de la Autoridad Palestina y responsable de Fatáh, Mahmoud Abbás. Por desgracia, Abbás se habría negado. No consideró lo bastante generosa la oferta de Netanyahu.

¿Y cómo respondió la administración Obama a la exigencia de Abbás de poner en libertad a terroristas a gran escala y su constante negativa a reanudar negociaciones con Israel? Pues atacando a Israel.

Los asentamientos

La causa aproximada del ataque más reciente de la administración Obama a Israel es la publicación de una opinión jurídica vinculante por parte de un panel de expertos israelíes en referencia a la legalidad de las comunidades israelíes más allá de las líneas del armisticio de 1949. Netanyahu encargó al panel, encabezado por el magistrado del Supremo retirado Edmond Levy, investigar la posición legal internacional de estos municipios y aldeas y proporcionar al Estado directrices relativas a la futura construcción de comunidades israelíes más allá de las fronteras del armisticio.

Las conclusiones del comité, publicadas esta semana, dicen que, según el derecho internacional, estas comunidades son totalmente legales. Esta conclusión no tiene nada de remotamente revolucionaria. Lleva siendo la postura de Israel desde 1967, y probablemente desde 1922.

El sustrato legal internacional de la creación del estado judío en 1948 fue el Mandato de Palestina de la Liga de Naciones de 1922. El documento entrega al pueblo judío el derecho soberano sobre Judea, Samaria y Jerusalén, así como todo el territorio del que Israel se hizo durante la Guerra de la Independencia de 1948 al 49.

El Mandato no sólo concede al pueblo judío el derecho legal sobre las zonas, sino que obliga a las autoridades británicas del Mandato a "facilitar... el asentamiento de los judíos en la zona, incluyendo las tierras públicas y los territorios en desuso que no tengan fines públicos". De manera que el asentamiento judío no solamente no está prohibido. Está exigido por ley.

Aunque lleva siendo la postura de Israel todo el tiempo, a Netanyahu al parecer le pareció que hacía falta renovar su legitimidad a la luz del ataque integral contra los derechos legales de Israel encabezado por los palestinos y acompañado de manera entusiasta por la administración Obama. En una tentativa anterior de apaciguar el apetito rapaz de concesiones israelíes de Obama, Netanyahu suspendió temporalmente el derecho legal israelí de los judíos a ejercer su derecho de propiedad en Judea y Samaria durante 10 meses en 2010. Todo el fallo legal publicado esta semana vuelve a formular la postura israelí como viene siendo todo el tiempo.

Mientras que la administración Obama opta por apoyar a Mursi aunque éste apoye a Abdel-Rahmán, la administración Obama condenaba manifiestamente a Israel por cometer la tropelía de solicitar a un panel de juristas veteranos una opinión relativa a sus derechos. En una circular de prensa, el portavoz del Departamento de Estado Patrick Ventrell blandía el mazo retórico. Según sus palabras: "La postura estadounidense en torno a los asentamientos está clara. Evidentemente, hemos visto informaciones de que un panel jurídico compuesto por el gobierno israelí ha recomendado legalizar docenas de asentamientos israelíes en Cisjordania, pero no aceptamos la legitimidad de la actividad israelí continua y nos oponemos a cualquier esfuerzo por regularizar los asentamientos".

En resumen pues, para la administración Obama, está perfectamente bien que el recién elegido presidente del país que hasta hace dos años era el aliado árabe más importante de Estados Unidos apoye a un cerebro terrorista indirectamente responsable del asesinato de casi 3.000 estadounidenses. Invitar a miembros de grupos terroristas yihadistas a Washington a reunirse con altos funcionarios estadounidenses en un viaje pagado por el contribuyente estadounidense está bien. Está bien incluso que el responsable de un presunto estado que Estados Unidos está intentando crear apoye a todo terrorista palestino, incluidos aquellos que han matado estadounidenses. Pero que el gobierno israelí electo solicite a un panel de juristas que determine si Israel está actuando en cumplimiento de la ley internacional al permitir a los judíos vivir en un suelo que los palestinos insisten que tiene que estar totalmente libre de judíos constituye una afrenta.

Fracaso de Obama

La disparidad entre el trato dispensado por la administración al gobierno Mursi por una parte, y el dispensado al gobierno Netanyahu por la otra, expone la naturaleza de su política en Oriente Próximo en todo su esplendor.

Obama fue investido con una teoría sobre la que iba a basar su política para Oriente Próximo. Su teoría decía que los yihadistas odian a América porque Estados Unidos apoya a Israel. Al arrojar lo que Obama se refería como "la luz del día" entre Estados Unidos e Israel, estaba convencido de que iba a convencer a los yihadistas de dejar aparte su odio a América. Obama lleva tres años y medio implantando esa política. Y su trayectoria de fracasos estrepitosos permanece sin cambios.

El fracaso de Obama queda en evidencia con todas sus peligrosas consecuencias a través de un hecho simple. Desde que fue investido, los estadounidenses se han despedido de muchos menos yihadistas de los que han visto llegar con más poder.

Desde enero de 2009, el mundo musulmán se ha vuelto muchísimo más radical. Ni un solo gobierno islamista que estuviera en el poder en 2009 ha caído. Pero varios estados clave –Egipto sobre todo– que fueron gobiernos aliados de Estados Unidos y prooccidentales cuando Obama llegó a la administración, están ahora gobernados por islamistas.

Es cierto que los resultados electorales de Egipto, Túnez y Marruecos entre otros sitios no son culpa de Obama. Pero siguen evidenciando lo erróneo de sus políticas. La política de Obama de arrojar la luz del día entre Estados Unidos e Israel y apoyar a la Hermandad Musulmana en contra de aliados estadounidenses como Mubarak implica que América tiene que ser mala con los amigos y buena con los enemigos. Esta política no puede sino reforzar a tus enemigos en tu contra y poner a tus amigos en tu contra.

En lugar de afrontar las amargas consecuencias de su política, Obama y sus súbditos han optado por negar simplemente la peligrosa realidad que ha engendrado él a través de sus acciones. Todavía peor, han salido con explicaciones que justifican mantener esta política a pesar de su fracaso estrepitoso.

En ninguna parte esta iniciativa es más evidente que en un análisis del New York Times hecho a medida titulado "A medida que los islamistas ganan influencia, Washington reajusta quiénes son sus amigos". Este análisis suscribe la noción de que es posible y razonable apaciguar a Mursi y compañía y a sus socios de coalición y partidarios yihadistas obsesionados con América. Cita a Michele Dunne, del Atlantic Council, que afirma que por una parte, si se permite que la Hermandad Musulmana y sus camaradas radicales se hagan con el poder en Egipto, su acceso a la política convencional reduce la amenaza terrorista. Por la otra parte, advierte: "Si los grupos islamistas como la Hermandad pierden la fe en la democracia, es entonces cuando nos enfrentaremos a consecuencias crudas". En otras palabras, el análisis aduce que Estados Unidos debe responder a la llegada al poder de sus enemigos simulando que sus enemigos son sus amigos.

Al margen de su sorprendente irresponsabilidad, esta muestra de artificio intelectual exige una negación tajante de la realidad. Los talibanes estaban en el poder en Afganistán en 2001. Su poder político no les impidió cooperar con Al-Qaida. Hamás lleva en el poder en Gaza desde 2007. Eso no les ha impedido perpetrar actos de terrorismo contra Israel. Los mulás llevan 33 años al frente de Irán. Eso no les impide hacer las veces de financieros del terrorismo en todo el mundo. Hezbolá lleva inmerso en la política convencional del Líbano desde el año 2000 y ha seguido siendo una de las organizaciones terroristas más activas del mundo. Y así sucesivamente

Allá por 1980, la administración Reagan cooperó felizmente con los precursores de Al Qaeda en la guerra encubierta de América contra la Unión Soviética en Afganistán. A los estadounidenses de entonces nunca se les ocurrió que las mismas personas que estaban trabajando con ellos para derrocar a los soviéticos iban a seguir un día las instrucciones del jeque ciego y atacar a América.

A diferencia de los muyahidines de Afganistán, la Hermandad Musulmana nunca ha combatido a un enemigo común con los americanos. Estados Unidos la está apoyando a cambio de nada mientras aspira a ganarse su apoyo volviendo la espalda a los aliados más estables de América.

¿Puede caber alguna duda de que esta política va a acabar mal?

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