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Cayetano González

'Bajo el silencio'

No es nada descartable, más bien es muy probable, que en Ajuria-Enea veamos dentro de pocos años de lehendakari a Arnaldo Otegui con el apoyo del PSOE y de Podemos.

Cayetano González
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No es nada descartable, más bien es muy probable, que en Ajuria-Enea veamos dentro de pocos años de lehendakari a Arnaldo Otegui con el apoyo del PSOE y de Podemos.
Un fotograma de 'Bajo el silencio'. | Iñaki Arteta

El último documental de Iñaki Arteta, Bajo el silencio, pone de manifiesto la grave enfermedad moral que sufre una parte de la sociedad vasca, por mor de 50 años de terrorismo de ETA. A lo largo de los 153 minutos que dura este magnífico trabajo se constata el daño que el terrorismo ha causado, y que no se limita, aunque sea la parte más trágica y dolorosa para las víctimas, al asesinato de 857 personas.

A diferencia de Patria, donde la ficción se acerca mucho a la realidad, en Bajo el silencio todo es realidad: desde las reflexiones profundamente equivocadas del cura de Lemona a los testimonios confusos de un bertsolari, un escritor en euskera, el director de una ikastola, por no hablar de unas jóvenes estudiantes de un instituto de bachillerato que el único atentado de ETA que recuerdan es el de Carrero Blanco, porque es lo único que han estudiado en los libros de historia reciente.

Casi todos los testimonios recogidos en Bajo el silencio destilan ese relativismo moral que es uno de los daños más profundos que ha causado el terrorismo y que se condensa en esa terrible frase, expresada en algunos casos, pensada en otros, durante bastantes años tras un atentado: “Algo habrá hecho”. Una forma de retorcer el principio ético y moral de “el fin no justifica los medios”, que debe regir la vida de las personas y las sociedades.

El problema es que esa batalla por que se conozca la verdad de lo que ha pasado en esta etapa trágica de nuestra historia reciente se está perdiendo, si es que no se ha perdido ya. Ese sentimiento que refleja perfectamente Bajo el silencio de que lo de ETA es ya historia pasada, que quizás estuvo mal, pero que en cualquier caso hay que pasar página y mirar al futuro con esperanza, es algo que está muy instalado en el imaginario colectivo de la sociedad vasca.

Con esos parámetros, es lógico que los herederos políticos de ETA se encuentren fuertes, se sientan vencedores y miren el futuro con optimismo, en términos de poder llegar al poder dentro de no mucho tiempo. Si además en esa tarea son ayudados por el Gobierno de España, que pacta con ellos, les considera interlocutores válidos, les blanquea, pues miel sobre hojuelas. No es nada descartable, más bien es muy probable, que en Ajuria-Enea veamos dentro de pocos años de lehendakari a Arnaldo Otegui con el apoyo del PSOE y de Podemos.

Un País Vasco donde al final manden los que apoyaban, por acción o por omisión, a ETA no puede tener un futuro esperanzador. Debería ser la propia sociedad vasca la que se diera cuenta y reaccionara, pero si no lo hizo durante los años en que el tiro en la nuca y los coches bomba estaban a la orden del día, ¿por qué hay que esperar a que lo haga ahora, cuando ETA ya no mata y se puede vivir con más tranquilidad?

Este último documental de Arteta –persona a la que hay que agradecer su valentía, determinación y constancia para llevar a cabo, contra viento y marea, estos trabajos fundamentales para preservar la Memoria, Dignidad y Justicia de las víctimas del terrorismo– debería ser emitido por las principales cadenas de televisión y visto, sobre todo, por muchos dirigentes políticos y sociales que piensan de una forma ingenua pero ignorante que ETA ha sido derrotada.

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