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Cayetano González

De Gregorio Ordóñez a David Pla

Sánchez y el PSOE blanquean el pasado criminal de la banda terrorista ETA.

De Gregorio Ordóñez a David Pla - Cayetano González
El etarra David Pla (centro), en la clausura del III Congreso de Sortu. | EFE - Miguel Toña

Mientras que familiares y amigos del dirigente del PP vasco Gregorio Ordóñez, asesinado por ETA en San Sebastián el 23 de enero de 1995, le rendían el pasado sábado un homenaje y rezaban un responso por su alma en el cementerio de Polloe, los herederos políticos de ETA (Sortu) elegían para formar parte de su dirección a quien fuera el último jefe de la organización terrorista, David Pla. Este individuo fue el responsable del aparato político de la banda y uno de los tres encapuchados que el 20 de octubre de 2011 leyó el comunicado en el que ETA anunciaba que dejaba de asesinar.

Estas son las macabras coincidencias que se siguen dando en la sociedad vasca. Gregorio Ordoñez, Goyo le llamábamos sus amigos, en la tumba desde hace veintisiete años y el último jefe de ETA, en libertad y en la dirección del partido que da peso y consistencia a la coalición EH-Bildu.

Lo primero que hay que subrayar, y no cansarse de hacerlo, es que con estos –los David Pla y compañía– es con los que han pactado Pedro Sánchez y el PSOE. Han pactado en Navarra, en el Congreso de los Diputados, y, lo que es más grave, desde el Gobierno de la Nación se trata a Bildu, es decir a Sortu, es decir a David Pla, como un partido más, con el que se puede no sólo hablar sino negociar y pactar. En un ejercicio político absolutamente inmoral, Sánchez y el PSOE blanquean un día sí y otro también a quienes se han negado a condenar sin tapujos, sin ambages, la violencia de ETA, a reconocer que aquello no fue la consecuencia de un "conflicto político" que sólo estaba en la mente de los criminales, sino la persecución y asesinato de quienes no pensaban como ellos.

Con sus decisiones políticas, Sánchez y el PSOE blanquean el pasado criminal de una banda terrorista que entre sus víctimas cuenta con varios dirigentes o militantes socialistas: Fernando Buesa, Ernest Lluch, Fernando Múgica, Enrique Casas, Joseba Pagazaurtundua, Juan María Jáuregui, Froilán Elespe, Juan Priede, Germán González López, Vicente Gajate e Isaías Carrasco. ¡Qué vergüenza! ¿Cómo es posible que los militantes y dirigentes socialistas actuales, o al menos una parte de ellos, no se rebelen contra quienes cometen tal indignidad con todas las víctimas de ETA, incluidas las que pertenecían al PSOE?

David Pla, después de haber estado varios años en la dirección de ETA, puede vivir en libertad, estar con su familia, tomar txiquitos con sus amigos y participar en política formando parte de la dirección de un partido como Sortu. Puede hacer todo lo que compañeros de filas de Pla integrantes del Comando Donosti le impidieron seguir haciendo en un lejano 23 de enero de 1995 a Gregorio Ordoñez, al descerrajarle varios tiros en la cabeza cuando estaba comiendo en el bar La Cepa, en la parte vieja de San Sebastián, en compañía de algunos colaboradores suyos en el Ayuntamiento de la capital donostiarra, entre otros María San Gil.

Lo terrible es que, en la actualidad, según han puesto de manifiesto varios estudios e informes, muchos españoles –sobre todo los jóvenes– no saben quiénes fueron Gregorio Ordoñez y Miguel Ángel Blanco, ni quién es José Antonio Ortega Lara, por citar sólo a tres víctimas de ETA que por diferentes motivos tuvieron una mayor repercusión mediática. Este año, por cierto, se cumplirán veinticinco años del asesinato del joven concejal del PP de Ermua y de la liberación, en una brillante operación de la Guardia Civil, del funcionario de prisiones.

La sociedad no puede tolerar que las nuevas generaciones de españoles no conozcan esta parte trágica de nuestra historia reciente. Gregorio Ordoñez, Miguel Ángel Blanco y el resto de las 857 víctimas de ETA fueron asesinadas por ser españoles, independientemente del uniforme que vistieran, de su profesión o de su filiación política. Y con su muerte contribuyeron a defender la libertad y la democracia: en el País Vasco y en el resto de España.

Las víctimas del terrorismo tienen que estar en el frontispicio de nuestra historia. Y nuestro Estado de Derecho debería tener los instrumentos necesarios para impedir que individuos como David Pla o quienes han pertenecido a una banda terrorista puedan participar sin más en la actividad política.

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