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El aldabonazo de Ana Iríbar

Qué distinto sería el PP si fuera el partido por el que claman la viuda de Gregorio Ordóñez y la secretaria general de las NNGG vascas.

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Ana Iríbar | LD

En apenas cuatro folios, leídos con fuerza y convicción interior, la viuda de Gregorio Ordoñez, Ana Iríbar, expuso negro sobre blanco el pasado sábado en San Sebastián los sentimientos de la mayoría de las víctimas del terrorismo y de muchísimos españoles respecto a cuestiones tan esenciales como el mimo al nacionalismo vasco representado por el PNV, la presencia consentida de las marcas de ETA en las instituciones o el intento de blanquear la historia de horror protagonizada por esa banda terrorista, que causó 857 víctimas mortales, centenares de heridos, miles de exiliados y mucho dolor a toda la sociedad.

En primera fila, escuchando a Ana Iríbar, estaban responsables políticos que nunca han ido a los actos de la Fundación Gregorio Ordoñez. Por ejemplo, la vicepresidenta del Gobierno, la ministra de Defensa o el ministro de Interior. El motivo por el que en esta ocasión hubo tal desembarco de miembros del Ejecutivo parece que fue el temor a que la presencia no confirmada de Albert Rivera, junto al expresidente Aznar, pudiera seguir ahondando la profundidad del pozo en el que se encuentra el PP. Al final, Rivera no estuvo, sí Juan Carlos Girauta; pero, de ser ese el motivo por el que se produjo semejante movilización gubernamental –Cospedal fue la última en hacerlo, quizá forzada por la presencia de su íntima amiga Soraya–, no dejaría de ser algo muy mezquino, tratándose de un acto en homenaje a una víctima del terrorismo.

Ana Iríbar debió de pensar que, ya que se daba tal concentración de poder popular en la sala del conocido Hotel Londres, tenía que dejar algunas cosas claras. Y bien que lo hizo. Interpelando de una manera directa a la vicepresidenta del Gobierno, la viuda de Ordóñez dijo, entre otras cosas, las siguientes:

¿No creen ustedes que ya va siendo hora de poner en su sitio a los nacionalismos, y muy especialmente aquí, en Euskadi, donde el relato de lo sucedido durante cincuenta años de dictadura terrorista se pervierte en favor de los asesinos y sus cómplices?

¿No creen ustedes que si añadieran más tensión suprimiendo no sólo a corruptos, sino también a los herederos de ETA-HB-Bildu de listas y organismos estatales y autonómicos, este Gobierno favorecería una atmósfera más descontaminada, por así decirlo, más democrática?

Soy muy escéptico respecto a que Soraya, su jefe Rajoy o cualquiera de los actuales dirigentes del PP vasco tomen buena nota de estas acertadísimas sugerencias de Ana Iríbar. Rajoy seguirá buscando el apoyo del PNV para aprobar los Presupuestos; Bildu seguirá en las instituciones; el Gobierno –¡qué gran decepción el ministro Zoido!– está encantado con la noticia, que no ha desmentido, de que el Ejecutivo francés podría proceder al acercamiento individual de presos de ETA, y así suma y sigue.

Mientras Ana Iríbar pronunciaba su magnífico discurso en San Sebastián, a 664 kilómetros de distancia, en Orense, a Beatriz Álvarez, secretaria general de las Nuevas Generaciones del PP vasco, le preguntaban en un acto de jóvenes militantes de su partido sobre qué creía que les diría Gregorio Ordóñez si estuviera allí. Esto contestó Beatriz:

Nos diría que no tuviéramos complejos. Políticos como Goyo no quedan, ninguno, ni en el País Vasco ni en España… Goyo no era políticamente correcto, levantaba muchas ampollas, pero decía grandes verdades. Iba a ser alcalde de San Sebastián. ¿Y cómo está el PP en San Sebastián ahora? Porque también hay que hacer un poco de autocrítica… Igual es que entonces teníamos un mensaje claro, unas ideas claras; igual es que teníamos determinación, unos objetivos, unos principios que muchas veces hemos dejado de lado. Y eso es lo que creo que Goyo nos diría: vuelve al inicio, vuelve a tus principios, convence, ilusiona, influye en la sociedad vasca.

Entiendo que la respuesta de esta joven dirigente pueda devolver algo de esperanza a los desencantados votantes populares en el País Vasco y en el resto de España. Es verdad que si los actuales dirigentes del PP, en la calle Génova y en el País Vasco, hicieran sólo un poco de caso a lo dicho por Ana Iríbar y por Beatriz Álvarez, algunas cosas podrían empezar a cambiar en el negro horizonte que tienen. Pero mi escepticismo al respecto es total.

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