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El momento de Vox

"No hay electorados cautivos, no hay votos cautivos, ni siquiera el mío", dijo Aznar hace unos años. Rajoy no tuvo en cuenta ese aviso de su mentor y así le fue.

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Santiago Abascal, ayer, en el mitin multitudinario de Vistalegre I Libertad Digital

En política, como en otros órdenes de la vida, hay una serie de factores que contribuyen al éxito o fracaso de un proyecto: dar con el momento adecuado, tener sentido de la oportunidad, ser percibido como útil o incluso como necesario. Algo de eso le ha pasado a Vox, partido que nació en enero de 2014 y que, tras una dura travesía por el desierto, sin obtener escaños en las elecciones europeas, generales y autonómicas que se han ido sucediendo, con problemas internos y un descarado boicot de casi todos los medios de comunicación, se encuentra ahora con unas expectativas de voto que le pueden dar representación en próximas citas electorales.

El uno de setiembre de 2014 publiqué un artículo en este mismo espacio de opinión de LD que titulé "El negro futuro de Vox", y en el que, después de recordar algunos episodios poco edificantes que habían sucedido ese mismo verano en ese mismo partido, tras no obtener escaño en las elecciones europeas, decía lo siguiente:

En teoría, hay motivos más que suficientes para justificar la necesidad de la existencia de una formación como Vox, a la derecha del PP, que defienda lo que este partido de forma suicida ha dejado de defender. Pero en la práctica, en el momento presente, su viabilidad es muy complicada. En algún momento una formación como Vox será necesaria, pero quizás ese momento no ha llegado todavía.

Parece claro que ahora sí, que ahora ese momento ha llegado. Primero, gracias a la perseverancia y constancia de los líderes de Vox, con un Santiago Abascal curtido en muchas batallas contra ETA y contra el nacionalismo en su tierra vasca natal y un referente moral para muchísimos españoles como es José Antonio Ortega Lara. También ha ayudado, sin duda, la labor de destrucción ideológica del PP llevada a cabo por Rajoy. Se calcula que Vox podría recibir en torno a medio millón de votos procedentes del PP. Se puede argumentar, y con razón, que el discurso de Pablo Casado, en el escaso tiempo que lleva al frente de los populares, dista mucho del de Rajoy, y que aquél es consciente de esa fuga de votos hacia la derecha que puede representar Vox, razón por la que está haciendo hincapié en una serie de mensajes sobre cuestiones que en otro tiempo fueron señas de identidad del PP, para intentar recuperar ese voto perdido.

Los insultos y descalificaciones que está recibiendo Vox desde sectores mediáticos de la izquierda le vienen muy bien, porque lo único que conseguirán será fidelizar el voto que ya tiene. Más llamativas resultan algunas valoraciones que se han hecho desde el PP, por auténticos genios del análisis político como Javier Maroto o Rafael Hernando. El primero ha dicho que "el voto a Vox significa tener a Sánchez cuatro años más en la Moncloa", y el exportavoz parlamentario ha expresado la siguiente ocurrencia: "Que haya un partido de ultraderecha era un sueño de la izquierda".

Menos mal que el propio Pablo Casado ha puesto un poco de orden y mostrado su respeto a Vox, destacado su buena relación con Abascal, señalado sus coincidencia en muchas cuestiones, su discrepancia en otras y, sobre todo, hecho hincapié en que su empeño es aglutinar a todo lo que hay a la derecha del PSOE para hacer frente a la grave situación que atraviesa España, con el Gobierno frentista de Sánchez y el golpe de Estado en Cataluña. Que Casado lo consiga o no es una cosa que está por ver, y, además, está el ejercicio libre de los ciudadanos a la hora de votar. Tengo para mí que los llamamientos que se puedan hacer desde el PP al denominado "voto útil" cada vez van a funcionar menos y a enfadar más, sobre todo a quienes durante bastantes años se han sentido engañados por ese partido con ese tipo de argumentos. Y si esos desencantados votan a Vox, será en el ejercicio legítimo de un derecho fundamental. Como dijo Aznar en junio de 2015, refiriéndose a su partido: "No hay electorados cautivos, no hay votos cautivos, ni siquiera el mío". Rajoy no tuvo en cuenta ese aviso de su mentor y así le fue.

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