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¿En qué piensa Rajoy?

Rajoy piensa primero en Mariano, segundo en Rajoy y por último en Brey.

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Acepto que puede ser una pregunta retórica la que encabeza este artículo, porque la respuesta inmediata que a uno le sale es la de que Rajoy piensa primero en Mariano, segundo en Rajoy y por último en Brey. Desde la noche del 20-D, donde el presidente en funciones pudo certificar que uno de cada tres votantes de su partido le había abandonado, lo que se tradujo en una pérdida de 63 diputados, todas las señales que ha emitido el personaje, al menos en público, indican que sólo piensa en sí mismo.

Convendría recordar que cuando no habían transcurrido veinticuatro horas del recuento electoral, y tras el comité ejecutivo de su partido en el que Aznar le urgió a celebrar un congreso para redefinir el proyecto político del PP y elegir a los líderes que deberían encabezarlo, Rajoy anunció su intención de presentarse a la reelección como presidente del PP en ese hipotético congreso, que a día de hoy no tiene fecha de celebración. El anuncio de Rajoy sonó más a una reacción desabrida, en caliente, ante la petición de su mentor, que a otra cosa.

Durante los días siguientes, Rajoy no dejó de manifestar que se encontraba con fuerzas para presentarse a la investidura, y ponía cara de póquer cuando algún periodista le interpelaba sobre si se había planteado dar un paso al lado para dejar que otra persona de su partido fuera quien que lo intentara. Luego llegó el viernes 22 de enero y declinó la propuesta del Rey de someterse a la investidura ante el Congreso de los Diputados. Y desde entonces se ha dedicado a sestear en las dependencias del Palacio de la Moncloa: ninguna reunión con otros partidos, ningún intento de sumar algún apoyo, ninguna propuesta por escrito de programa de gobierno que intentara romper el aislamiento político en el que se encuentra. Se escudó para adoptar esa conducta comodona en los reiterados noes de Sánchez a darle su apoyo, confiando en que los barones del PSOE o su Comité Federal pararan los pies a aquél, algo que, parece claro, no se ha producido.

Transcurridos cincuenta días desde la celebración de las elecciones, Rajoy parece fiarlo todo, fundamentalmente su supervivencia política, a que Sánchez fracase en su intento de formar Gobierno y que no haya más remedio que ir a unas nuevas elecciones. Para este supuesto, el líder del PP ya ha dejado claro que quiere repetir como candidato y que de ninguna manera se plantea dejar paso a otro o a otra.

Rajoy sabe de sobra que la propuesta de gran coalición –PP, PSOE, Ciudadanos– liderada por él mismo que ha defendido desde el día siguiente de las elecciones no tiene ninguna posibilidad de prosperar, por el rechazo no sólo de los socialistas, también de los de Albert Rivera, que, con toda lógica, piensan que no han llegado hasta aquí para apuntalar al político gallego en la Moncloa. ¿Y si esa gran coalición la encabezara otro? De momento, el PP y su presidente rechazan tajantemente esa posibilidad.

En todo este despliegue de narcisismo y ensimismamiento, Rajoy ha contado con la inestimable colaboración de los suyos, ya que públicamente todos le han apoyado, incluso los que en algún momento han sido más críticos permanecen callados. Este es el caso de Aznar o del barón regional de Castilla y León, Juan Vicente Herrera. Únicamente Esperanza Aguirre ha llegado a decir que es el momento anteponer los intereses de España a los de los partidos y los de las personas, con tal de evitar que Podemos forme parte del Gobierno. Poca cosa, poca autocrítica, poca musculatura para un partido que se ha dejado en cuatro años tres millones largos de votos en el camino, amén de muchas cotas de poder municipal y autonómico, y que además sigue estando salpicado por supuestos casos de corrupción tan escandalosos como los de Valencia.

¿Cómo se sale de esta cuadratura del círculo en la que se han instalado el PP y Rajoy, que, como destacaba hace unos días un editorial de LD, se parece cada vez más al perro del hortelano, que ni come ni deja comer? Se me ocurren sólo dos maneras: 1) que el actual inquilino de la Moncloa visualice dentro de unas semanas que el candidato del PSOE, que tuvo el 20-D sólo 90 diputados, el peor resultado de su partido desde la Transición, le desaloja de la Moncloa, o, en una hipotética repetición de elecciones, 2) que compruebe que sus apoyos siguen siendo muy insuficientes para gobernar España. Lo primero sería una muy mala noticia porque significaría que Sánchez ha pactado con Podemos y con los independentistas, y lo segundo supondría algo más que una tomadura de pelo a los ciudadanos.

Por lo tanto, ante este panorama sí que parece clara la respuesta: Mariano Rajoy Brey sólo piensa en sí mismo, porque de lo contrario ya estaría haciendo las maletas –por Salvador Sostres hemos sabido este domingo que no es así– y preparando la mudanza a Pontevedra o a Santa Pola.

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