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Cayetano González

López, el PNV y el PP

Si en un futuro Zapatero pudiera trasladar al País Vasco la fórmula del "tripartito" que gobierna en Cataluña, no tendría ninguna duda en hacerlo

Cayetano González
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Quien creyera que el pacto del PSE con el PP, por el que fue posible la llega de Patxi López a Ajuria Enea, era firme y sincero, o bien era un perfecto ingenuo o su desconocimiento de los entresijos de la política vasca tanto en Vitoria como en Madrid era monumental.

Las elecciones vascas del pasado 1 de marzo arrojaron un escenario político endiablado. El PNV, que fue el partido con más escaños y votos, sin embargo no alcanzaba la mayoría absoluta sumando los "restos" del naufragio de quienes habían sido sus socios en el tripartito, es decir, Eusko Alkartasuna e IU. Por el contrario, esa mayoría absoluta sí la conseguían el PSE y el PP. Y como los socialistas vascos no querían de ninguna de las maneras renunciar a colocar a Patxi López en la Lehendakaritza, sólo por esa razón, aceptaron los votos de los populares. Éstos, por su parte, no tenían otra opción que apoyar la llegada a Ajuria Enea de un lehendakari no nacionalista e hicieron bien en prestar sus votos al candidato socialista, aunque deberían haber sido más exigentes en algunos de los extremos del acuerdo, por ejemplo, en lo referido al desalojo del PNV de la Diputación Foral de Álava, donde gobierna siendo la tercera fuerza política.

Pero una cosa es que los hechos abocaran a todos a esa situación, y otra muy distinta que esta fuera la deseada por sus protagonistas. De entrada, el que menos entusiasmo demostró con ese pacto PSE-PP fue Zapatero, al que le hubiera gustado mucho más un acuerdo con el PNV porque, entre otras cosas, le hubiera complicado menos la aritmética parlamentaria en el Congreso de los Diputados y porque tener que contar con el apoyo de los populares era "demasiado" para el Presidente. Es más, si en un futuro Zapatero pudiera trasladar al País Vasco la fórmula del "tripartito" que gobierna en Cataluña, no tendría ninguna duda en hacerlo. Eso requeriría la presencia en las urnas de la izquierda abertzale, con la que los socialistas hubieran pactado antes echar al PNV y al PP del mapa político vasco. Tiempo al tiempo.

Conscientes de ello y demostrando una cierta cintura política, los nacionalistas vascos, tras un pesado proceso de digestión de su desalojo del poder después de casi treinta años de permanencia en el mismo, hicieron en el verano una propuesta de estabilidad institucional y presupuestaria que suponía un dardo envenenado contra el pacto PSE-PP, porque, por un lado, el PNV es consciente de esa "incomodidad" de muchos dirigentes socialistas en Madrid y en Vitoria por el acuerdo con los populares, y por otro, presentaban esa cara responsable de un partido que gobierna en las tres Diputaciones Forales del País Vasco y quiere contribuir a la gobernabilidad del País.

El lehendakari López, en una entrevista concedida este pasado martes en la ETB ha abierto la puerta a sellar acuerdos con el PNV en las Diputaciones, justificando esta actitud en el hecho de que "dentro de la responsabilidad de país, está el sumar en estos momentos esfuerzos, recursos públicos". A esto ha respondido el presidente de los populares vascos, Antonio Basagoiti, que en una entrevista concedida a este medio, Libertad Digital, ha dicho que López "está acomplejado y no sabe despegarse del PNV". Ambos tienen razón o razones en lo que dicen y en como lo dicen.

Muchos ciudadanos españoles, incluyendo en estos a todos aquellos ciudadanos vascos que por no ser nacionalistas han visto recortada su libertad en estos treinta últimos años, recibieron con mucha esperanza el cambio que se abrió en el País Vasco con la elección por primera vez en la historia de un lehendakari no nacionalista. Desde el primer momento, Patxi López subrayó con mucho énfasis que el objetivo prioritario de su Gobierno era la derrota de ETA y el fin de la impunidad de los terroristas y de quienes les apoyan en las calles del País Vasco.

López sabe de sobra que para ese objetivo no contará nunca con la ayuda del PNV, sencillamente porque este partido no quiere la derrota de la banda terrorista, sino que preferirían –como en la parábola del hijo pródigo– la vuelta a la casa del padre, es decir, en este caso a la casa del PNV, del hijo descarriado, es decir, ETA, que un día se marchó a malgastar su hacienda y de paso asesinar a 830 personas. El lehendakari tendrá que optar y el PP hará bien en no ser quien rompa la baraja.

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