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Navarra puede acabar siendo Euskadi

La encuesta del CIS de la pasada semana dibujaba un panorama muy preocupante para el futuro de Navarra.

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En las elecciones municipales y autonómicas del próximo día 24 hay muchas cosas en juego: algunas muy importantes para el futuro de nuestra nación, otras que lo serán menos e incluso habrá cuestiones secundarias o anecdóticas. Entre las primeras, las importantes, no hay ninguna duda de que se encuentra lo que pueda pasar en Navarra. Y las cosas no pintan bien para los que pensamos -y defendemos- que el Viejo Reino tiene que seguir como hasta ahora, siendo una comunidad foral y española.

La encuesta del CIS de la pasada semana dibujaba un panorama muy preocupante para el futuro de Navarra. Según ese estudio demoscópico, UPN sería la fuerza más votada, con 11-12 escaños de un total de 50. Este resultado supondría que la formación foralista tendría 7-8 escaños menos que ahora. Muy pegado a UPN aparece Podemos, con 11 escaños, seguido de una de las marcas de ETA, EH-Bildu (7), el PSN (6), los nacionalistas de Geroa-Bai (5), Ciudadanos (4-5), el PP (3) e IU (2).

Con este mapa electoral, la alianza de los partidos favorables a la integración de Navarra en la Comunidad Autónoma Vasca alcanzaría los 25 escaños (la mayoría absoluta está en 26), mientras que en el otro bloque, UPN, Ciudadanos y PP, tendrían entre 18 y 20. En cuanto a los 6 escaños del PSN, lo prudente es no contar con ellos para seguir defendiendo la españolidad de Navarra, ya que la postura de los socialistas navarros es enormemente confusa y cambiante, pero su objetivo es claro: impedir a toda costa que el centroderecha, representado fundamentalmente por UPN, siga gobernando en Navarra. Si para eso tienen que abstenerse en el pleno de investidura del nuevo presidente del Gobierno de Navarra, o incluso apoyar opciones que propugnan el cambio de estatus político, lo harán. Pedro Sánchez ha dicho, en referencia a toda España, que los socialistas están abiertos a pactar con todos, menos con el PP y con Bildu. Quizás se tenga que emplear a fondo en Navarra para que lo segundo sea verdad.

La integración de Navarra en esa Euskadi idílica y pastoril que parió Sabino Arana ha sido un objetivo prioritario de los nacionalistas de todo signo. Durante muchos años, en las manifestaciones o actos políticos organizados tanto por el mundo de ETA como por el PNV, o su escisión Eusko Alkartasuna, la consigna Nafarroa Euskadi da (Navarra es Euskadi) era de las más repetidas y coreadas por los asistentes. El PNV, a la hora de poner en marcha el Gobierno vasco tras la aprobación del Estatuto de Guernica (1979), eligió a un navarro, Carlos Garaikoetxea, como su candidato a lehendakari, y hubiese querido que Pamplona fuera la capital de la Comunidad Autónoma Vasca y sede, por tanto, de las instituciones vascas. Al final esa elección recayó en Vitoria, fundamentalmente porque la Diputación Foral de Álava cedió al nuevo Gobierno vasco el Palacio de Ajuria-Enea como sede de la Lehendakaritza y un centro geriátrico sin estrenar, así como suena, que fue ocupado por las diferentes consejerías.

ETA ha tenido también la integración de Navarra en Euskadi como uno de sus objetivos prioritarios. Para imponer su proyecto totalitario ha asesinado en la Comunidad Foral a 42 personas: guardias civiles, policías nacionales, militares y políticos de la derecha, como los cargos públicos de UPN Tomás Caballero y José Javier Múgica. También intentó, sin conseguirlo, acabar con la vida del que fuera entonces director del Diario de Navarra, José Javier Uranga, persona luchadora y defensora de la españolidad de su tierra.

En el proceso de negociación política que Zapatero llevó a cabo con ETA durante su primera legislatura en La Moncloa, la cuestión de Navarra estuvo muy presente tanto en las conversaciones que a tres bandas tuvieron en Loyola el PSE, Bildu y PNV como en las reuniones en Oslo entre el entonces presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren, y la dirección de ETA. Así se pone claramente de manifiesto en las actas de esas reuniones y en lo que los propios protagonistas han contado posteriormente.

Durante la elaboración de la Constitución, por la presión del PNV y de la propia ETA y por los temores y complejos que de la UCD de Adolfo Suárez, así como por la postura tibia del PSOE, se incluyó en el texto una disposición transitoria -la cuarta, todavía vigente- por la que se regula la forma en que Navarra podría integrarse en la Comunidad Autónoma Vasca. Una disposición que, a la vista de lo sucedido en todos estos años, los diferentes Gobiernos del PP –tanto el de la mayoría absoluta de Aznar como el de Rajoy- podrían haberse planteado derogar, ya que es políticamente una irresponsabilidad y un suicidio mantener indefinidamente abierta esa puerta. Pero ni Aznar entonces ni Rajoy ahora tuvieron el coraje para afrontar ese problema, que afecta muy seriamente a la estabilidad institucional no sólo de una parte de España, sino al propio sistema constitucional.

Quizás en la noche del 24-M, y a la vista de los resultados electorales que se produzcan, se inicie el camino para la integración de Navarra en Euskadi. Si esto sucede, será un triunfo fundamentalmente de ETA, porque el PNV en Navarra es inexistente desde la escisión que sufrió en 1986. Para que ese proceso de integración se ponga en marcha será imprescindible el apoyo a las fuerzas nacionalistas de un partido como Podemos. ¿Alguien tiene alguna duda de que los de Pablo Iglesias apoyarán ese proceso? La razón principal para hacerlo es que con ello herirán de muerte al sistema institucional que hemos conocido hasta la fecha.

Como telón de fondo, una pregunta inocente: ¿les importan algo a Rajoy y a Sánchez esta situación y sus previsibles consecuencias?

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