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Cayetano González

Pedro cumple, los demás gritan

Si con esta oposición y con 120 diputados Sánchez hace lo que le viene en gana con tal de mantenerse en el poder, mejor no pensar lo que haría si tuviera mayoría absoluta.

Cayetano González
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Si con esta oposición y con 120 diputados Sánchez hace lo que le viene en gana con tal de mantenerse en el poder, mejor no pensar lo que haría si tuviera mayoría absoluta.
Pedro Sánchez en su visita a Argentina | EFE

Durante el patético y ridículo viaje que hizo a Estados Unidos la pasada semana, y en el que no hubo ningún contacto político con la Casa Blanca, el presidente del Gobierno no quiso dejar pasar la oportunidad, durante una entrevista con la agencia Reuters, de soltar una de sus perlas marketinianas –no se sabe si herencia del defenestrado Iván Redondo–, por ver si colaba: "Me defino a mí mismo como un político que cumple. Me gustan los hechos. Me gusta hacer. Y, desafortunadamente, la oposición sólo grita", dijo, y se quedó tan ancho, el actual inquilino de la Moncloa.

Claro, sus interlocutores de Reuters quizás no estaban en condiciones de repreguntar e interesarse por esos cumplimientos de Sánchez. Por ejemplo, cuando dijo antes de las últimas elecciones generales que le quitaría el sueño, al igual que a muchos españoles, un Gobierno en el que estuvieran Pablo Iglesias y Podemos. O su promesa de que nunca pactaría con los herederos políticos de ETA, y ahí están ahora los de Bildu entre sus interlocutores preferentes en el Congreso de los Diputados, o los pactos en Navarra para mantener a la socialista Chivite al frente del Gobierno foral.

En cuanto a una oposición que sólo sabe gritar, es una simpleza tal que no merece mayor comentario. No es precisamente el grito o la estridencia lo que caracteriza la labor del principal grupo de oposición, el PP, y de su líder, Pablo Casado, que suele tener intervenciones parlamentarias sólidas y contundentes, dejando al lado su nefasta intervención contra Vox y Abascal en la moción de censura contra Sánchez.

En cuanto a Vox, al presidente de Gobierno lo que le molesta es que haya un grupo en el Congreso –conviene recordar que es el tercer partido político de España– que no tiene ningún complejo a la hora de denunciar alto y claro todos los atropellos que este Gobierno social-comunista está llevando a cabo, intentando controlar y mediatizar al resto de instituciones del Estado. ¿Que los de Abascal lo hacen a veces con una cierta estridencia? Pues que mire Sánchez en su bancada y se fije especialmente en las cosas que dice, y cómo las dice, esa lumbrera del parlamentarismo español que es Adriana Lastra.

Si con esta oposición y con 120 diputados Sánchez hace lo que le viene en gana con tal de mantenerse en el poder, mejor no pensar lo que haría si tuviera mayoría absoluta. Pero las malas expectativas electorales es precisamente lo que ha puesto nervioso al presidente del Gobierno. Sabe que, aunque quedan más de dos años para las elecciones generales, el desgaste que está sufriendo, fundamentalmente por sus pactos con los independentistas catalanes, con los nacionalistas vascos del PNV y con los herederos políticos de ETA, es enorme.

Sabe también Sánchez que, en lo que se refiere a su socio catalán de referencia, ERC, las cosas no van a ser en el futuro nada fáciles, y que las exigencias de "amnistía y autodeterminación", reiteradas un día sí y otro también por el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, no van a esfumarse, entre otros motivos porque Puigdemont, desde Waterloo, aprovechará para presionar y desgastar a su principal competidor electoral, que no es otro que el partido de Oriol Junqueras.

Y en cuanto al PNV, que ha permanecido agazapado en los últimos tiempos, atento a cómo se iba decantando el pulso al Estado planteado por los independentistas catalanes, ya ha empezado a enseñar la patita para que Sánchez sepa y sea consciente de que también está ahí y de que sus seis diputados son imprescindibles para el presidente del Gobierno.

Ese es el escenario que Sánchez tiene enfrente, y con el que seguirá cavando poco a poco su propia tumba y la del PSOE, donde no hay nadie con la capacidad y el coraje suficientes para detener una deriva suicida para los socialistas y, sobre todo, para España.

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