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César Velasco Arsuaga

Se cosecha lo que se siembra

El resultado de las vascas es preocupante, pero es legal y lógico. Se recoge lo que se siembra, y eso ocurre tanto en el campo como en las urnas.

César Velasco Arsuaga
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El resultado de las vascas es preocupante, pero es legal y lógico. Se recoge lo que se siembra, y eso ocurre tanto en el campo como en las urnas.

Visto el resultado de las elecciones en la Comunidad Autónoma Vasca, se debe reconocer que los nacionalistas –la denominación más exacta sería separatistas– seguirán gobernando en Euskadi.

Ya sé que alguno dirá que el último Gobierno vasco, el Gobierno de Patxi López, era socialista, pero eso, aparentemente, era teórico, puesto que su línea política ha sido muy similar a la que siempre llevó el PNV; y así le ha ido, pues los vascos que querían votar en clave nacional-separatista tenían partidos muchos mejor definidos que el socialista.

Las elecciones vascas han sido, y lo serán si Dios no lo remedia, ganadas por la ideología que desde hace más de treinta años lleva machaconamente adoctrinando a los niños y jóvenes vascos. No quiero desilusionar a nadie, pero no hay partido que en los días que dura una campaña electoral pueda contra tantas décadas de manipulación.

Gran parte de los votantes de hoy son los niños que crecieron con la idea nacional-separatista que les inculcaron en las ikastolas, en las escuelas, en los institutos; que fueron instruidos y entretenidos por los medios de comunicación afines al Gobierno vasco. No hay más que ver los vídeos en los que esos jóvenes gritan desaforadamente: "¡Independencia!". Durante demasiados años se les inculcó que estaban oprimidos, que su país, al que algunos han dado en llamar Euskal Herria –el país de Nunca Jamás–, se encontraba dominado por Francia y España, y es muy difícil combatir esa manipulación, esa gran mentira, en unos días.

Hoy tenemos en España una gran crisis económica, de la que estoy seguro que tarde o temprano saldremos; pero también tenemos otra gran crisis de la que apenas se habla, y es la de los valores, la de la educación y la del amor a la Patria. Seguir como hasta ahora nos puede llevar al desastre, no hacer nada nos aboca a esta disyuntiva: o la ruptura de España o la infelicidad de miles de vascos y de catalanes, que verán frustradas sus expectativas de ver cumplido el sueño que les han inculcado desde niños: dejar de ser españoles.

Son varios los errores que se han cometido desde el inicio de la democracia, y es hora corregirlos.

España debe de ser uno de los pocos países del mundo donde se consiente que la ley que regula la utilización de los símbolos nacionales no se cumpla y no se exijan responsabilidades por ello; donde, en determinadas partes del territorio, se sanciona a los comerciantes por rotular en el único idioma oficial común y resulta muy difícil que los niños estudien en el idioma oficial común; donde no se controla el sistema educativo y por eso se puede manipular torticeramente la historia nacional; donde no se enseña a los jóvenes a amar y respetar a la Patria, y un largo etcétera que alargaría en exceso esta reflexión.

El resultado de las elecciones vascas es preocupante, pero es legal y lógico. Se recoge lo que se siembra, y eso ocurre tanto en el campo como en las urnas.

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