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Cristina Losada

¡Abajo los líderes!

La regla de oro del reino de los mediocres consiste en impedir que alguien sobresalga. Aquel que se revele mejor que los demás ha de ser triturado ipso facto.

Cristina Losada
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La naturaleza imita al arte y la política española, a la telebasura. No más alto que esos programas donde se despelleja a las personas, ha planeado la polémica por la conducta de Esperanza Aguirre en los atentados de Bombay. Pero lo rastrero de las críticas no debe ocultar sus móviles profundos. Y éstos nacen de un hecho incontestable: el comportamiento de la presidenta madrileña ha sido una provocación de primer orden. Es más, en el reino de la mediocridad en el que vivimos, su actitud sólo puede calificarse de insultante.

Los súbditos del reino citado se hallaban sumidos en el mayor de los desconciertos desde que Aguirre regresara de la India y narrara su experiencia ante las cámaras. No era posible que una dirigente política de la derecha liberal, y de Madrid para más inri, mantuviera la entereza tras haber estado a punto de perder la vida en uno de los peores ataques del terrorismo islámico después del 11-S. Que hubiera mostrado en privado el temple que distingue a los líderes, aún tenía un pase, pero que lo exhibiera en público resultaba intolerable. Había que tomar medidas.

Los cabecillas de esa sociedad limitada (en todos los sentidos) se dispusieron, así, a hacer frente al desafío. No al que representan los terroristas, sino Aguirre, que además tuvo la desfachatez de marcar distancias con la Alianza de las Civilizaciones y las Cúpulas Zapaterinas. Pues cuando el terror golpea y asesina, el país de la medianía no quiere combatirlo y recurre a subterfugios para ocultar que sólo piensa en huir por las alcantarillas. Tiene tendencia a proyectar su propio miedo, como hizo con Bush tras el 11 de septiembre. Llegó a decirse que el presidente que decidió plantar cara al yihadismo se había escondido como un niño.

No se olvide tampoco que la regla de oro del reino de los mediocres consiste en impedir que alguien sobresalga. Aquel que se revele mejor que los demás ha de ser triturado ipso facto. Para que los insignificantes puedan seguir mandando tiene que aplicarse a rajatabla un castigo ejemplar al que destaque. Esa norma no rige aquí únicamente en la escuela, donde lleva decenios en vigor, sino en todas partes y ahora singularmente en la política. Gobierna una pandilla que en punto a aptitud, conducta y condición moral, se encuentra en los sótanos de la escala y, con el asentimiento de sus iguales, vela para que no asome nadie con madera de líder.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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