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Cristina Losada

Alfredo, te vamos a hacer la autocrítica

Igual se da la paradoja de que el PSOE es un partido muy ideologizado que no tiene ideología.

Cristina Losada
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Gran ambiente de autocrítica en el aparato socialista. Unos creen que hay que hacerse una como partido y otros, que hay que hacerle la autocrítica a Rubalcaba. Unos por otros, la casa sin barrer. Las intrigas son la salsa rosa de los partidos, así que nadie echará en falta un ingrediente intelectual. Pero es el caso que ninguna de las facciones en liza ha sido capaz de rellenar un folio con los errores que empedraron el camino del infierno. El electoral, que para un partido no hay otro. Puede que en el socialismo posmoderno baste con proclamar la voluntad de autocrítica y ya está, ¡a otra cosa, mariposa! Sin embargo, fuera de ese planeta de atmósfera ligera cualquiera diría que la razón del vacío es una simple y dramática carencia de ideas. Igual se da la paradoja de que el PSOE es un partido muy ideologizado que no tiene ideología.

Es cierto que comparte la gran laguna teórica con la socialdemocracia, pero en lo demás abundan las diferencias. Hay partidos socialdemócratas que, aun zarandeados por la crisis, pugnan por mantener los pies en la tierra, y eso es algo que no se puede decir del PSOE, ni del de José Luis ni del de Alfredo. Tampoco de quienes presumen de alternativa. El sector que afila la guillotina anda tan despistado como el que quiere conservar la cabeza. Valga como muestra la explicación sobre la pérdida de votantes que daba la número dos de Griñán, Susana Díaz, en una reciente entrevista: "Tenemos que ser previsibles y pedir perdón por haber tocado la Constitución y haberla puesto al servicio de los intereses económicos".

Acabáramos. Ahí está el quid de la cuestión, la raíz profunda del desapego del votante socialista. Porque no se habla de otra cosa en los bares de España que de la inclusión del equilibrio presupuestario en la Carta Magna. Cómo no iba a desconcertar al electorado que el PSOE hiciera una concesión a la realidad económica y política de la eurozona. Sus votantes esperaban, ¡ansiaban!, que Zapatero mandara a freír espárragos a Merkel y compañía, y nos pusiera en la puerta de salida de los mercados y del euro. Una no sabe si Díaz no quiere decir lo que piensa o si no piensa lo que dice.

La incógnita sobre quién podría empeorar al difunto Peter Pan ha vuelto a despejarse. Ahí están los que quieren hacerle la autocrítica a Garfio, los mismos que votaron por Campanilla en el Congreso. Y no hay que subestimarlos. Esos habitantes del País de Nunca Jamás tienen algo a su favor: el trasvase de votos del PSOE a la izquierda jurásica y al folclore antisistema es un hecho. Se vio en las gallegas y en las vascas, y se verá en las catalanas. Hay una clientela para el populismo y las aventuras políticas, para romper con todo y hacer tabla rasa. El PSOE estará más tentado que nunca a pescar en ese río revuelto. Pero eso también lo puede hacer Alfredo.

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