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Cristina Losada

Aquí no hay Churchill

El Gobierno, a fin de volver a encandilarlos, seguramente las mutilará. Y el PP, temeroso de asustar al respetable, léase movilizar a la izquierda, de ningún modo quiere aparecer como el partido Manostijeras.

Cristina Losada
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A finales de agosto, The Economist publicaba una pieza sobre la política española que incluía una apuesta llamativa. Decía que dadas la pérdida de popularidad de Zapatero y la muy escasa de que gozaba Rajoy, ganaría las elecciones el partido que tuviera la valentía de echar a su líder. De momento, no hay indicio alguno de que las dos grandes formaciones estén dispuestas a reunir tal arrojo. Los aparatos partidarios suelen ser muy conservadores en asuntos tan delicados, no digamos sus dirigentes máximos. Se acaba de asistir a una remodelación del Gobierno que certifica la voluntad de atrincherarse del presidente. Y en el PP, nada se mueve.

Sin menospreciar la idea de un cambio de líderes, hay otra que no es incompatible y merece estudiarse: que ganara el partido que dijera la verdad a los españoles. Decir la verdad significa reconocer la gravedad de la crisis –no sólo económica– y exponer sin tapujos los sacrificios y reformas que han de hacerse para salir a flote. Un cambio de actitud de esa clase es, con mucho, más importante que un cambio de caras en el cartel electoral. Pero, ay, resulta inimaginable. La cúpula del PSOE ha demostrado con creces esa deshonestidad en las relaciones con lo verdadero que observaba Revel en la izquierda. Y la oposición no está por la labor de hacer de Churchill.

En situaciones como la que atraviesa España, explicar la verdad a los ciudadanos y convocarlos a un esfuerzo colectivo es cuanto se espera de unos partidos responsables, preocupados por el bien común. Sin embargo, a ninguno de nuestros representantes se le pasa por la cabeza seguir esa norma de conducta. ¡No somos kamikazes!, gritarán al unísono. Esa fatal renuncia de los políticos a hacer su trabajo responde a un estado de opinión que prefieren no modificar. Los ahora desencantados con Zapatero son sus propios votantes. No le reprochan los engaños y la incompetencia, sino las medidas de ajuste. El Gobierno, a fin de volver a encandilarlos, seguramente las mutilará. Y el PP, temeroso de asustar al respetable, léase movilizar a la izquierda, de ningún modo quiere aparecer como el partido Manostijeras. Aun por vías distintas y en grados diversos, ambos coinciden en ocultar la realidad. Sospecho que no habrá ocasión de comprobar si gana el que se atreva a decir la verdad. Lástima, pues saldremos perdiendo.

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