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Arrimadas en TV3

Las sesiones de castigo a la oposición en TV3 se rigen por las reglas del despotismo. Un despotismo que no es el ilustrado, sino el nacionalista.

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TV3

TV3 es la televisión autonómica más cara de España y eso se nota. Se nota en el grado de hostilidad con que allí se recibe a la oposición. Esto es, a la oposición que no oculta su oposición al separatismo. Siempre queda claro en sus platós que esa oposición no sólo no es bienvenida, sino que sobra. Y no sólo que sobra. También que es una anomalía absurda y fastidiosa que viene a incomodar la pacífica convivencia del independentismo consigo mismo. La actitud de los que allí cortan el bacalao es como si dijeran: Con lo bien que estamos nosotros solos (Nosaltres Sols!) y tenemos que hacerle un hueco, de vez en cuando, a esta gentecilla fastidiosa y crispadora.

Ya que le tienen que hacer el hueco para que no se diga, para aparentar que mantienen las formas de una televisión pública, cuando se lo hacen aprovechan para montarle una sesión de control a la oposición. Bueno. Una sesión de control como las del parlamento es algo relativamente benigno al lado de las sesiones de TV3. Llevan a la oposición para crujirla. Y no hay allí las reglas parlamentarias de turnos y tiempos que al menos en teoría protegen el fair play de un debate. Las sesiones de castigo a la oposición en TV3 se rigen por las reglas del despotismo. Un despotismo que no es el ilustrado, sino el nacionalista y en concreto el del nacionalismo catalán, que se distingue por una creencia insólita en su infinita superioridad. A la oposición la crujen mirándola por encima del hombro.

A la jefa de la oposición y líder del partido más votado en Cataluña, Inés Arrimadas, le hizo anoche una entrevista el director de TV3, Vicent Sanchis, y prácticamente cada minuto de la hora que duró la sesión cumplió a rajatabla las normas despóticas. En las redes sociales, el independentismo hizo llamamientos a no ver la entrevista, pero aún así Sanchis se empleó a fondo para representarlo y darle a la oposición el merecido castigo. Hay un estilo de entrevistas agresivas que tiene su público en el que se trata de colocar al entrevistado fuera de su zona de confort, como el Hard Talk de la BBC. Pero lo que hizo Sanchis, y lo que hace por norma TV3 con la oposición, nada tiene que ver con eso. Su objetivo es preservar la zona de confort de los separatistas. De los dirigentes y del público fiel.

A los dirigentes, más que mantenerlos en su zona de confort, se los trata con reverencia, se llamen Mas, Puigdemont o Torra. No hay pizca de agresividad, desdén y displicencia en esos casos. Cero. Y ya que hablamos del prófugo: Sanchis mantuvo, ante Arrimadas, que era del todo correcto llamar "exiliados" a los que se fugaron después de proclamar la independencia. Más aún, le dijo a la dirigente de Ciudadanos que se mirase el diccionario. Es decir, se parapetó detrás del diccionario para justificar que en TV3 se trate habitualmente de "exiliados" a los dirigentes separatistas que se escaparon. Démonos por enterados, entonces, de que cada vez que los llaman "exiliados" no implican que se hayan ido por motivos políticos, que es el sentido en el que se usa generalmente el término. En TV3 los llaman así sólo porque son personas que están fuera de la tierra en la que viven. De paso, también nos hemos enterado por Sanchis de que en la sede de la cadena sólo hay una escalera. Naturalmente está llena de lazos amarillos. Un detallito más que certifica la independencia.

Cuando surge la cuestión de cómo creyeron y creen, de la solidez y contumacia de la creencia separatista, no ya en sus dogmas, prejuicios y mentiras centenarias, sino en todas las maravillas de la república que no fue, en el gratis total de la independencia y en tantas otras cuentas y cuentos del procés, hay que considerar el papel social y socializador de TV3. Sin ella, ¿qué sería de los creyentes? Como ha mostrado un estudio de Sociedad Civil Catalana, hay una asociación muy fuerte entre el voto independentista y ver los informativos de TV3. Es uno de los pilares de su universo. Un universo del que la oposición contraria al separatismo ha de ser arrojada una y otra vez a las tinieblas exteriores. Y con los modales supremacistas de rigor. Como diciendo: qué hacéis aquí, este no es vuestro sitio. Como decía la Gispert: vuélvete a Cádiz.

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