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Cristina Losada

Aselebreision

El compañero ZP necesitaba un subidón de votos para aplacar el mono de casi un año de abstinencia de eficacia y racionalidad en su gobierno por accidente. Y recubrirse el lomo de papeletas para transitar por los desfiladeros en que nos ha metido

Cristina Losada
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En un referéndum planteado por el gobierno como un concurso en el que debíamos quedar los primeros, hay que recordar a Rosa, la que fue a Eurovisión a cantar aquello de Yuros libin’ aselebreision, y preguntarse si a la vista del resultado, Yuros está celebrando algo. Dijo Rodríguez que habíamos hecho historia de Europa y, en efecto, ha sido así. La prensa europea señalaba el hito al día siguiente: la baja participación. Alguno, como el Frankfurter, la calificaba de histórica. Le Figaro hablaba de falta de entusiasmo. Los británicos constataban el low. Y al otro lado del Atlántico, el New York Times la consideraba decepcionante.
 
Europa, quitando a los grandes beneficiarios de la sumisión de Rodríguez, no celebra, sino que se preocupa por el escaso interés que despierta la UE entre los ciudadanos. Pero en España, es diferente. Como no podía ser de otro modo cuando se trataba de una consulta pergeñada para el consumo interno. O sea, para mayor gloria del socialismo gobernante, personificado en el compañero ZP, el que quiere darle las gracias a Europa reduciendo nuestro peso en ella: de pluma con aspiraciones a más, a gallo sin espolones. El que en cursi eufemismo llama agradecimiento a lo que es subordinación, y resucita, para mejor digestión del puesto subalterno, un complejo de inferioridad obsoleto.
 
Que el gobierno español iba a celebrar los resultados, estaba tan cantado como lo de Rosa. Sólo quedaba por ver cómo lo cantaría. Si parte de los “noes” hubieran engrosado la abstención, Rodríguez, Blanco y Cía. habrían celebrado el porcentaje a la búlgara de los “síes”. Y guiados por el visionario Moratinos, experto lector de mentes, afirmarían que la gente se quedó en casa confiada en que los que votaban, darían el ansiado plácet. El resultado mixto del plebiscito ha propiciado una jocosa mezcla de ése y otros argumentos.
 
Hemos oído así que la participación ha sido muy considerable o, en todo caso, próxima a los niveles europeos, pero que si era baja, no había que responsabilizar al gobierno. Que de haberse dado más información, no era seguro que hubiera llegado a los votantes. Que había un “no”, fruto de un voto oculto del PP, hasta en las barriadas donde también viven próceres del socialismo. Y que ése era un no “extremista”, mientras que el no de los queridos socios era “europeísta”. Que España había cumplido con Europa, tal que los maridos en la noche de bodas. Y que los 14 millones de votantes componían una cifra muy simbólica. ¿Será por el 14-M, Moratinos?
 
Será. El compañero ZP necesitaba un subidón de votos para aplacar el mono de casi un año de abstinencia de eficacia y racionalidad en su gobierno por accidente. Y recubrirse el lomo de papeletas para transitar por los desfiladeros en que nos ha metido. No ha obtenido suficientes, y se ha apropiado de los “síes” que los votantes del PP obedientes metieron en las urnas. Masivamente, en muchos sitios. Para llenar más el talego, hasta sumó los de Portugal, donde los relojes siempre han marcado otra hora que en España. Es decir, que a falta de pan, Rodríguez ha tenido que montarse su aselebreision con unas tortas prestadas.

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