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Cristina Losada

Bífidos y demás fauna

El jefe de Política Lingüística de Feijóo no ve ningún inconveniente en tal pedagogía del odio. Dice que la "bífida" lleva tres años funcionando sin problemas. Más tiempo funcionó la propaganda nazi en Alemania. ¿Le hubiera puesto el nihil obstat?

Cristina Losada
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A los nacionalistas galaicos les gusta tildar de bífidos a los partidarios de que las personas puedan emplear el gallego y el español a voluntad. Tratan, así, de equiparar a los defensores del bilingüismo con las serpientes y, de ese modo, con el diablo, que sabida es la relación entre Lucifer y la sierpe. Pretenden que hablar español se vea como cosa de reptiles y demonios. Pero las metáforas las carga el susodicho y la que tanto les place guarda parentesco con la obsesión de otros nacionalistas, los hitlerianos, por animalizar a sus enemigos. Lo hicieron con los judíos durante años, como paso previo a su exterminio. Los presentaban como ratas. Tampoco hilaban muy fino los nazis.

Hay una Comedia bífida de gira subvencionada por Galicia cuyo título ya nos pone en situación. Quien se moleste en leerla, hallará desprecio hacia los castellanohablantes y acusaciones de traición contra ellos. Lo hace sin disimulos, que lo burdo es eficaz, como mostraron Goebbels y sus émulos. Los nacionalistas son incapaces de fomentar el gallego sin denigrar al español. No por error. Demonizar a los que hablan la lengua común les importa mucho más que el gallego. Pero esa obrita dedicada a inculcar en los escolares la idea de que si parlan castellano, van a convertirse en pérfidas víboras, la promociona ahora el Gobierno del Partido Popular.

Su jefe de Política Lingüística no ve ningún inconveniente en tal ejercicio de pedagogía del odio. Dice que la "bífida" lleva tres años funcionando sin problemas. Más tiempo funcionó sin problemas la propaganda nazi en Alemania. ¿Le hubiera puesto el nihil obstat? Anxo Lorenzo, que así se llama el citado, no advierte, pues, intolerancia alguna en los que atizan la aversión contra un idioma y sus hablantes. La encuentra, en cambio, en quienes piden respeto para las dos lenguas. Galicia Bilingüe, afirma, introduce "elementos de intolerancia". No renunciar a la libertad es, para él, de intolerantes acérrimos. Pero es que cree Lorenzo –y afirma– que los idiomas son políticos por definición y que hablar es una actividad política. Ahí está el hueso. La omnipresencia de la política es la lengua del totalitarismo.

Cuanto más habla el hombre, más se vislumbra el perfil de la política lingüistica que se propone hacer quien lo eligió para el puesto. De ponerse de perfil, quiero decir, ante el mandato electoral y sus propias promesas. El "bilingüismo cordial" de Feijóo ni es bilingüe ni es cordial con los defensores del bilingüismo. Prefiere la Comedia bífida.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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