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Cristina Losada

Burguesía de cobardes

Ni siquiera las izquierdas populistas se han resistido a convertirse en apéndice de las elites nacionalistas.

Cristina Losada
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Ni siquiera las izquierdas populistas se han resistido a convertirse en apéndice de las elites nacionalistas.
EFE

Hubo un momento en que pudieron. Los del poder, es decir, los de Podemos. Pudieron, en cierto instante inaugural, hacer creer que evitarían el contacto y la mimetización con el nacionalismo excluyente. Con el separatismo, al fin y al cabo. Un contacto que acaba succionando a los partidos de izquierdas y los lleva a funcionar como sumideros del nacionalismo. Pudieron hacer creer que evitarían aproximarse y someterse a las élites políticas nacionalistas. Hasta parecía que era lo que correspondía a aquel carácter que el partido de Iglesias adoptó para capitalizar el malestar por la crisis con la fuerza de una demagogia que reemplazaba el bipolar mundo de ayer, el de la izquierda y la derecha, con uno nuevo en el que se enfrentaban la casta y la gente.

Hay un momento en que aquello casi cuela. Es cuando Pablo Iglesias, en 2015, fustiga a la élite nacionalista catalana, a los señores del partido que se llamaba todavía Convergencia y lideraba Artur Mas, ya en ruta hacia la ruptura y la secesión. En mítines en Barcelona y Badalona la vinculó al franquismo: "Se arrastraba, besaba el suelo por donde pisaban los jerarcas franquistas para no perder sus privilegios y su dinero". Llamó "ladrones y gentuza" a Mas y a Pujol. Dijo que no iban a "enseñar a la gente de Badalona, de Nou Barris, del Bajo Llobregat, de Hospitalet, lo que significa ser catalán. No se lo va a enseñar usted ni su burguesía de cobardes, señor Mas". Sostuvo que despreciaban "a las clases trabajadoras catalanas". Y se lanzó a lo social, a su manera: no importaba la bandera, importaban los hospitales, las escuelas infantiles, cuidar de los abuelos.

Iglesias fue con la lucha de clases a Cataluña hace unos años, y nunca más. Enseguida se impuso lo que había en su trastienda. Y lo que había en el grupo de Colau. Se impuso la colaboración con los planes de aquella burguesía corrupta. De las diatribas contra "los que han mandado siempre" no ha quedado nada. De la defensa de las clases populares, despreciadas por la élite nacionalista, nada de nada. Y de las prioridades sociales, menos que nada. ¿Cuál es la prioridad del grupo En Comú Podem para la próxima legislatura? Ya lo ha anunciado. No va de escuelas infantiles, mejor sanidad, ni más cuidadores. La prioridad es una comisión de investigación sobre la "violencia policial" del 1-O.

Los socios de Iglesias en Cataluña han fijado como prioridad señalar y acusar a los agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional que intervinieron el 1 de Octubre para que se cumpliera un mandato judicial, como era su obligación. Para que no se violara la Constitución. Para que la burguesía nacionalista a la que Iglesias fustigaba hace unos años no pudiera apropiarse ya totalmente de Cataluña. Para que "los que han mandado siempre" no prevalecieran frente a tantos ciudadanos que estaban en contra de la secesión, muchos de ellos de las clases populares que Iglesias fingía defender, y frente al resto de los españoles.

Para los comunes, que es como decir Podemos –están en el mismo barco–, las responsabilidades políticas y penales de los que organizaron el referéndum ilegal y proclamaron la independencia de Cataluña no existen. A la élite separatista no la consideran responsable de nada de lo que ocurrió el 1-O, ni antes ni después. Tampoco les interesa la responsabilidad por los acosos y asedios a las fuerzas de seguridad que se produjeron aquellas semanas. Lo que pasaron aquellos agentes, eso les iba en el sueldo, por lo visto. Su fijación es con las cargas del 1-O, con que se oiga en el Congreso "la voz de las personas reprimidas" aquel día. Pero a quienes no quieren dar voz los comunes y los podemitas es a todas las personas que ese día se sintieron atropelladas, asaltadas por aquel aquelarre separatista. Tanto en Cataluña, donde lo vivieron con angustia más intensa, como en el resto de España.

Es asombroso y, al tiempo, no lo es. La historia y el trayecto se repiten. Ni siquiera las izquierdas populistas se han resistido a convertirse en apéndice de las elites nacionalistas. Con quien resulta que tienen más en común es con la "burguesía de cobardes".

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