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Cristina Losada

Charlie Chan y los Conguitos

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Por lo que sé de Charlie Chan pienso que sería el investigador adecuado para aclarar el embrollo de Madrid que está saliendo de la chistera socialista. El detective, además de ser inteligente y observador y de tener sentido del humor, rasgo indispensable para el caso, procede de una cultura que se ha tomado muy en serio el azar. Como el enredo madrileño se basa en las casualidades, puede que resulte más eficaz la consulta al I Ching que el espionaje de teléfonos y hoteles. Hago, así, la sugerencia, y no me amilana que Chan sea un personaje de ficción, pues la ficción es consustancial a la presunta trama, de modo que podemos aplicar el principio homeopático, o el remedio casero para las resacas, y tratar de curar el mal con el mal mismo.

El problema es que a Chan le han condenado por “políticamente incorrecto” en la patria de ese tipo de majaderías, que es USA. El canal de televisión por cable Fox Movie Channel ha cedido a las presiones de ciertos grupos asiático-americanos y ha suspendido un festival veraniego que iba a dedicar al detective. La serie de Chan, que fue muy popular en los años 30 y 40, durante los cuales se hicieron 44 películas, no cayó en el olvido, sino que tuvo nuevos fans, razón por la cual Fox restauró dos docenas de films, que ahora deberá meter en un cajón, o venderlos a países donde tenga menos poder la Inquisición moderna.

Según los grupos anti-Chan, las películas presentan una caricatura “racialmente ofensiva” y un retrato humillante y refuerzan los estereotipos negativos. ¿Qué hacía el señor Chan para merecer estos juicios? Pues cosas intolerables, como arrastrar los pies al andar, parodiar los aforismos confucianos, hablar con acento exagerado y, sobre todo, estar en la piel de un actor blanco. Un portavoz de la Fox reconoció que esto era lo peor. Habían revisado las películas y detectaron que en diez de ellas salían personajes con la cara pintada. “Es fácil darse cuenta de que serían muy ofensivas”, dijo. ¡Cáspita! ¿Tendré yo que hacer penitencia por haberme disfrazado de negra una vez en Carnaval? Digo una penitencia mayor de la que supuso quitarme la pintura, que ya fue. ¿Y que habría que hacer con Lawrence Olivier, embetunado para el Otelo? ¿Y con la Callas como Madame Butterfly? ¿Y con el teatro chino de Manolita Chen?

Eso y mucho más será condenado a la hoguera el día en que triunfen estos torquemadas, que viven de presentarse como los únicos representantes legítimos de toda una raza y una cultura, el mismo fraude, por cierto, que perpetran los nacionalistas. La estafa cuela mejor donde más se han difundido los dogmas del multiculturalismo, como en USA y el Reino Unido, pero como la estupidez es una de las mercancías que mejor circulan por la aldea global, donde no hay grupos de presión, hay individuos de la raza que “ofende” que se proclaman defensores de los “ofendidos” sin que se lo hayan pedido éstos.

A veces hay suerte y quedan en ridículo. Es lo que le pasó a María Frías, una profesora de la Universidad de La Coruña que le ha declarado la guerra a los Conguitos, durante una intervención en la cadena Ser, hace unos meses. En el mismo programa había dos africanos invitados para hablar de otro asunto, que después de oír las diatribas contra los pobres Conguitos –imagen racista, insultan a los miles de africanos que viven en España, perpetúan estereotipos negativos– dijeron con toda frescura que los Conguitos les parecían muy simpáticos y que no veían en ellos ofensa alguna. ¿Será posible? Al final, resulta que las Frías del mundo son las que de verdad se creen superiores: no aceptan los pensamientos y sentimientos de las gentes a las que dicen defender, sino que quieren inculcarles otros, los suyos. Los africanos no pueden reírse con los Conguitos, ni los chinos con Charlie Chan, sino que tienen que fruncir el ceño y decir que esas son caricaturas racistas y ofensivas, como quieren los predicadores occidentales que tratan de reeducarlos.

El demonio de la casualidad quiere que sea en la página web de la Fundación Hogar del Empleado donde más pueda leerse acerca de la trama racista de los Conguitos, el negrito del Colacao y el Chino mandarín. La FUHEM es un tinglado de pasmosa magnitud que cobija a clanes potentes del socialismo, como el de los Mamblona. Junto a esa humanitaria preocupación por las “personas del Sur” –como llaman a todos los que no son blancos– los de la FUHEM tienen otras: la enseñanza, la publicación de revistas y libros, y la gestión inmobiliaria, sector estratégico donde los haya. Pero ¿puede ser casualidad que hablando de la trama de Madrid y de Charlie Chan hayan salido los Conguitos y de ahí hayamos caído en la FUHEM, que es como volver al principio y cerrar el círculo? ¿Será esto una coincidencia significativa, que decía Jung? Yo no lo sé, pero ¿no debería investigarlo alguien?

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