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Cristina Losada

Como si ETA no hubiera existido

Hacer de la necesidad, virtud. Pudiera ser la explicación del giro socialista. Pero pienso que hay algo más que cálculo político.

Cristina Losada
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Hace un par de años, Joseba Arregi escribía sobre el período post-ETA, que precisaba que no era un tiempo sin ETA, que "nos podemos encontrar con que aquella petición que no pocos planteaban hace algunos años de hacer política en Euskadi como si ETA no existiera (...) se convierta ahora en hacer política en Euskadi como si ETA no hubiera existido nunca". Es muy lamentable, pero los acontecimientos le están dando la razón. El Partido Socialista vasco se encamina hacia la condición amnésica a grandes pasos. Pactar con Bildu, y por tanto, con quienes no condenan la historia de terror, ya se le antoja lo más natural y razonable. A fin de cuentas, son alianzas entre formaciones progresistas, como expuso Txarli Prieto, su dirigente en Álava. Importa, pues, la afinidad ideológica, y es asunto baladí que ese partido de izquierdas acoja al entorno de la banda.

La tentación de aliarse con los batasunos anida desde hace tiempo en el socialismo vasco, pero se ha hecho más fuerte después de que las urnas arrojaran este contraste: su mala performance electoral, con la pérdida del gobierno autonómico, y los buenos resultados de los testaferros de ETA. Igual se proponen emular a Maragall, y pactar con Bildu y compañía con la misma –y estúpida– lógica con la que el PSC pactó con Esquerra Republicana. Para ello, claro, deben negar cualquier vínculo de sus posibles socios con la banda terrorista. Pero un acercamiento así no sólo hace caso omiso del impedimento moral. También elude el aviso de la experiencia: Esquerra se ha recuperado sin problemas de su asociación con el PSC, mientras que el PSC no se ha recuperado de su asociación con Esquerra. Cuando se juega en el campo de los radicales, siempre gana el más radical.

Hacer de la necesidad, virtud. Pudiera ser la explicación del giro socialista. Pero pienso que hay algo más que cálculo político. Al respecto, es significativo que en el PP vasco surjan voces a favor de una normalización de las relaciones con quienes no reclaman la disolución de ETA y condenan cada nueva detención de un miembro de la banda. Tras décadas de terrorismo, es muy posible que "una sociedad aquejada de una cronificación del miedo", como dijo Maite Pagazaurtundúa, quiera instaurar la normalidad, aun a costa de hacer como si no hubiera cómplices del crimen y como si ETA no hubiera existido nunca. Es un proceso de negación al que los partidos que combatieron y sufrieron el terror no deberían sumarse. Pero qué pocos nadan contracorriente.

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