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Cristina Losada

Comparezca Rajoy y acabe la farsa

Empeñarse en no salir acarrea mayor coste. Entre comparecer cada día y no comparecer habrá un término medio.

Cristina Losada
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Empeñarse en no salir acarrea mayor coste. Entre comparecer cada día y no comparecer habrá un término medio.

Más por viejo que por diablo, Rubalcaba ha sabido jugar sus cartas. Si el presidente comparece en el Parlamento, se podrá atribuir el mérito de haberle llevado allí. Si no lo hace, presentará una moción de censura y habrá un pleno y un debate que forzarán a Rajoy a comparecer de todos modos. Cierto que, técnicamente, no estaría obligado. Con el Reglamento del Congreso en la mano, el jefe del Gobierno puede hacerse el sueco y no aparecer por el hemiciclo el día de autos. Pero esta opción solo tendrá sentido en el caso de que el PP quiera hacer ya mismo una gran pira con sus naves. Si hay moción de censura, y no se han vuelto locos en la calle Génova, Rajoy comparecerá. Y cuando se va a comparecer sí o sí, mejor es hacerlo sin que lo lleven a uno por la fuerza.

¿A quién le importa que el dirigente socialista haga un "uso falso" de la moción de censura y no presente un programa alternativo de Gobierno y todo lo demás? Esta argumentación leguleya, propia del regate corto, pierde de vista lo esencial, que es lo más simple. La obviedad. Póngansele las irregularidades que se quiera, una moción de censura será siempre un acontecimiento político, como lo certifica que sólo se haya recurrido a ella en dos ocasiones. La excepcionalidad la convierte en señal de situación crítica y comportamiento anómalo del Gobierno. Pese a que la oposición no pueda ganarla, se percibe como señal de aviso: la bengala que se lanza en casos de catástrofe. Llegados a ese punto ¿a quién le importará, salvo a él mismo, que Rubalcaba salga fortalecido o debilitado? Es más, a esos efectos, ¿a quién le importa Rubalcaba?

Es verdad que el presidente del Gobierno no tiene por qué salir a bailar al ritmo que marquen las portadas ni prestarse a un careo diario con su encarcelado ex tesorero. Pero en esos contados instantes en que un escándalo, por trufado que esté de mentiras y manipulaciones, absorbe toda la vida política, empeñarse en no salir acarrea mayor coste. Entre comparecer cada día y no comparecer habrá un término medio. El Partido Popular tiende a hacer de esta situación una pelea de gallos, un pulso entre el presidente y el líder de la oposición, a ver quién resiste más. Pero no se olvide, si de pulsos vamos, que Rubalcaba es el que menos tiene que perder. Él ya está en la puerta de salida. Nada que ver con aquello de Hernández Mancha, que acababa de aterrizar. Así las cosas, igual por ganarle esta mano a Rubalcaba, que a quién diablos le importa, pierde la partida el PP.

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