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Cristina Losada

Convergència busca tonto útil

Después de ir al casino y salir desplumada, ahora Convergència quiere dar el sablazo a quienes, imagina, disponen aún de menos luces.

Cristina Losada
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Convergència se ha propuesto dos cosas y una, al menos, ya la ha conseguido: dejar atónitos a los espectadores del teatro político. La segunda es dejarlos más atónitos todavía. Después de ir al casino, apostar cuanto tenía y salir desplumada, ahora quiere dar el sablazo a quienes, imagina, disponen aún de menos luces. Los términos del chantaje moral que plantean los de Mas a los de Junqueras son éstos: o Esquerra entra en el Gobierno o no habrá consulta sobre la independencia. Pero ¿no era la consulta el gran proyecto de CiU, la bandera con la que acudió a las elecciones, el propósito que justificó su adelanto? Pues bien, señoras y señores, eso era así antes del último domingo. El día después, ya no. Ahora, la famosa consulta sobre el destino último de Cataluña se ha transformado en un proyecto de la Esquerra al que Artur prestará su imprescindible apoyo únicamente si se aviene a gobernar con él.

El alto mando estratégico de CiU, de probada habilidad, ha diseñado una maniobra envolvente: una oferta que se no puede rechazar. Si los niños quieren ver cumplido su deseo, no les queda otra que acceder. La pelota está en su tejado, les toca mover ficha y todo lo demás. De Esquerra, ¡y sólo de ella!, depende que se celebre o no la consulta separatista por la que clama el pueblo con el fervor del que las urnas han dado buena cuenta. En sus manos está la suerte que ha de correr una oportunidad histórica de las que aparecen en mil años o así, y el estricto tribunal que juzga asuntos de tamaña trascendencia condenará a Junqueras, Bosch y compañía en caso de que respondan con un sonoro "no" al requerimiento convergente.

El envés de esta hoja de ruta de emergencia es, naturalmente, que CiU renuncia a convocar la ilegal consulta si ha de gobernar en solitario. Que la deja caer, en fin, si no tiene un copiloto. Y esto es lo más parecido a un reconocimiento de facto del fracaso. Pues nada impide a Mas, de lograr que le voten la investidura, lanzarse a la aventura sin compañeros de viaje. Cierto, si Esquerra, con una dirección novata, cae en la trampa y se presta a hacer de tonto útil, podrán los de Artur cantar victoria. Aunque sólo por un minuto. Hasta que hayan de inventar un nuevo truco para convencer a su socio de que revertirán sus políticas de ajuste y, no obstante, podrán obtener fondos del Estado para pagar a fin de mes las nóminas. El circo continúa.

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