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Cuando el PP vote en contra

El PP puede obstruir tranquilamente el gobierno de PSOE y Ciudadanos. Puede. Pero, ¿debe? Para empezar, ¿qué ganará con esa obstrucción?

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Cuando vote en contra de la investidura de Pedro Sánchez basada en un acuerdo del PSOE y Ciudadanos, el Partido Popular no estará más cerca de gobernar que ahora. En la sesión parlamentaria en que deba exponer su posición, el portavoz del PP seguramente rechazará con dureza el "Acuerdo para un Gobierno reformista y de progreso" que han suscrito Sánchez y Albert Rivera. Si ese portavoz se lo ha leído y entra en detalles, puede que parte de sus críticas sean acertadas. El pacto PSOE-C’s incluye algunas propuestas destinadas a satisfacer al populismo ambiental, sin que por ello vayan a satisfacer a la más radical expresión del populismo que está en la Cámara. Eso, junto a alguna cesión a grupos de interés con capacidad de presión (la reducción del llamado "IVA cultural"), pone borrones en un acuerdo que en conjunto es razonable.

Pero la razón por la que el PP votará en contra no radicará en las políticas concretas que anuncia el acuerdo ni en sus líneas generales. ¿Va a estar en contra el PP de mantener la estabilidad presupuestaria, de incentivar el incremento del tamaño empresarial, de reformar las cotizaciones sociales de los autónomos, de intentar cerrar la brecha entre contratos fijos y temporales, de una fórmula que combine el ingreso mínimo vital y el complemento salarial, de revisar la financiación autonómica o de aumentar, por fin, los permisos de maternidad y paternidad? ¿Va a estar en contra el PP de "oponerse a todo intento de convocar un referéndum con el objetivo de impulsar la autodeterminación de cualquier territorio de España", como dice el acuerdo en su página 65?

No tienen fundamento, ya que estamos, los reproches que le hizo al contenido del pacto el vicesecretario del PP, Martínez Maillo. La unidad de España, la financiación autonómica y las pensiones, todo ello se aborda. Parecerá mal o bien cómo se tratan, pero ahí están. Conviene leerse los textos antes de criticarlos, aunque sea en diagonal. Pero, insisto, los motivos del voto en contra del PP tendrán poco que ver con la letra del acuerdo. Yo sospecho que votaría en contra aunque el PSOE y Ciudadanos hubieran firmado el programa del Partido Popular de pe a pa. Porque la cuestión no es qué, sino quién. Quién gobierna. Y el PP no está dispuesto a retirarse de la batalla por el gobierno.

Vale. Bien. Le asiste al PP en ese empeño una realidad: ha sido el partido más votado. Sólo que esa realidad está anulada por otra: carece de escaños suficientes para gobernar y de apoyos para suplir esa falta. El partido más votado no tiene forma alguna de obligar a otros a apoyarle. Y la inversa también es verdad: el PP no tiene ninguna obligación de permitir que gobiernen el PSOE y Ciudadanos. Puede obstruir tranquilamente ese intento. Puede. Pero, ¿debe? Para empezar, ¿qué ganará con esa obstrucción?

Al día siguiente de que fracase la investidura de Sánchez, el PP no estará en mejor tesitura para lograr su objetivo de gobernar. El PSOE no va a apoyar tampoco entonces un gobierno de Rajoy. Tiene tan cerca el aliento del partido Podemos que aliarse con el PP, sea por activa o por pasiva, equivale a su suicidio. Quizá al PP le importe un pimiento que el PSOE deje de ser el primer partido de la izquierda, pero ¿considera bueno para España que lo sustituyan los más desorejados populistas de izquierdas?

Podrá intentar el PP un acuerdo con Ciudadanos, aunque es dudoso que Rivera se avenga a un trato bilateral que lo situara avalando la continuidad de la anterior legislatura. En el mejor de los casos, PP y C’s tampoco sumarían frente al voto en contra de PSOE, Podemos y nacionalistas diversos. En definitiva, el desenlace más probable de la comedia es que el PP logre impedir que gobiernen otros, pero no consiga gobernar él.

Un bloqueo así satisfaría a los dirigentes que creen que les toca gobernar, a una parte de la militancia y de los votantes. Pero por esa satisfacción, ¿merece la pena? El PP, con su fuerza parlamentaria actual, tiene la oportunidad de condicionar el gobierno PSOE-C’s, de hacer en la práctica algo parecido a la gran coalición que propugna…con él en la oposición. Y no semeja un sacrificio tan enorme ser el principal partido de la oposición cuando la alternativa no consiste en estar en el gobierno. A menos, claro, que esto haya derivado en un ojo por ojo y la máxima aspiración del PP sea no dejar hacer a otros lo que no le dejan hacer a él.

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