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Cristina Losada

De la CIA al Mossad

Hasta hace poco estas actividades se circunscribían a los ayuntamientos controlados por el brazo político de ETA en el País Vasco, pero la costumbre se extendió a Galicia con la campaña de Nunca máis contra el PP

Cristina Losada
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El alcalde de Oleiros se enorgullece de haber sido espiado por la CIA. Un honor que no merece cualquiera. Los gobiernos norteamericanos redujeron en su día el presupuesto para esas viejas y entrañables labores de los servicios secretos, pero las conexiones de "Gelo" con Fidel Castro, documentadas por una misiva del tirano y la participación del alcalde en una empresa mixta hispano-cubano, sin ánimo de lucro, claro, justificarían, tal vez, que la Agencia echara mano de los fondos reservados para vigilarle. Allí conocen bien a Castro –qué remedio, tras haberle favorecido en su ascenso al poder les salió rana– y es natural que no quisieran perder de vista a un amigo del coma-andante en Oleiros, no fuera a ser.
 
Y fue. Pero no provino de la CIA el aviso a la embajada de Israel en España de que los espacios y medios públicos de Oleiros se habían convertido en soportes de una propaganda injuriosa contra el primer ministro Ariel Sharon, sino de personas que residen en ese municipio. Y no avisaron a las autoridades inmediatamente superiores al alcalde, sino a la embajada israelí. Seguramente, porque es notorio que aquí quienes deben intervenir ante abusos de este tipo se encogen en su caparazón ante los que se apropian de espacios públicos para sus vendettas políticas. Siempre que los que tal hacen se digan de izquierdas. Si "Gelo" fuera nacionalsocialista y vendiera las mismas camisetas con Sharon chorreando sangre, se le habría suprimido ipso facto la campaña y el asunto estaría en el juzgado.
 
Hasta hace poco estas actividades se circunscribían a los ayuntamientos controlados por el brazo político de ETA en el País Vasco, pero la costumbre se extendió a Galicia con la campaña de Nunca máis contra el PP. Centros de enseñanza, hospitales, bibliotecas y las sedes de los Ayuntamientos lucieron, y lucen aún, el utillaje propagandístico. Cuando no sacaba las pancartas el alcalde, lo hacía un grupo de funcionarios y a ver quién se lo impedía. Unos y otros consideran que los lugares públicos son de su propiedad y no se les pasa por la cabeza que haya que respetar a aquellos ciudadanos, que también les pagan el sueldo, que no comulguen con la campaña en cuestión. La identificación que hace la izquierda de sí misma con "el pueblo" aporta el abono ideológico para justificar la imposición.
 
Al alcalde de Oleiros, que lleva mucho tiempo en la poltrona, lo que ayuda a sentirse propietario de ella, le ha tenido que pedir el ministerio de Exteriores que cambie su "Paremos a la bestia, Sharon asesino" por "Oleiros con el pueblo palestino". Y es que este hombre cree, o nos quiere hacer creer, que apoya a los palestinos haciéndose transmisor del odio a Israel y a los judíos, que atizado por los dirigentes árabes y el nefasto Arafat, les ha metido en el pozo en que se encuentran.
 
El de Oleiros, que se declara comunista, es tratado como personaje pintoresco por la prensa. Se jacta de haber tirado más casas en la costa que ningún otro alcalde de España, aunque su chalet, asegura, es legal, se niega a ponerle quioscos a los vendedores de la ONCE porque, según él, engañan a la gente con el juego, y ofende hasta a la Cruz Roja. Tiene también una idea pintoresca de la libertad de expresión. Él puede llamarle asesino a Sharon, pero si le llaman a él cosas por hacerlo, eso no es expresión, sino amenaza. De pintorescos así, están llenas las páginas de los libros de historia. Ahora "Gelo" puede añadir una muesca más a su repertorio. La CIA le ha dejado por imposible y le ha pasado el testigo al Mossad.

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