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Cristina Losada

De la Falange a Companys

Cuánto se han burlado y cuánto han descalificado a los que "dicen que España se rompe". Ja, ja. Pues tendrán que aparcar el chiste por una temporada, toda vez que ahora es Montilla –su Montilla– quien toca a rebato.

Cristina Losada
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Aun sin haber leído al clásico, hay políticos convencidos de que, como observó Maquiavelo, "los hombres son tan simples y se someten hasta tal punto a las necesidades presentes, que el que engaña encontrará siempre quien se deje engañar". A la búsqueda de esos simples está dedicado, en cuerpo y alma, el socialismo catalán con la premura que imponen la proximidad de las urnas y el descalabro previsto. Así, mientras el favorito Artur Mas se hace acompañar por nutrida escolta de senyeras, el PSC saca a España del trastero a fin de evitar un entierro político en noviembre, mes de difuntos. Montilla, el mismo que ha gobernado con los secesionistas de Esquerra, se confiesa estos días profundamente preocupado por la deriva independentista de Cataluña. Cosas veredes.

Los más viejos de lugar, aquellos cuya memoria supere a la de los peces –que no es de tres segundos, sino de cinco meses– recordarán que el socialismo, en Madrid y en Barcelona, se ha cebado con quienes alertaban de una quiebra del orden constitucional a causa del Estatut y otras aventuras. Cuánto se han burlado y cuánto han descalificado a los que "dicen que España se rompe". Ja, ja. Pues tendrán que aparcar el chiste por una temporada, toda vez que ahora es Montilla –su Montilla– quien toca a rebato. Lo que antes era obsesión de lunáticos centralistas, es hoy el eje de la campaña del PSC. Cuidado, advierte el president, que podemos padecer una "ofensiva" destinada a consumar "la definitiva ruptura emocional y política" con España.

El hombre que tachaba de ofensivo, casposo e innecesario que el Constitucional mentara la "indisoluble unidad de la nación española" en la sentencia sobre el Estatut, ¿erigido en defensor de esa unidad? Increíble, pero cierto. Hay quien barrunta que un PSC desesperado se propone arañar los flancos débiles de la derecha y robarle votos nada menos que a su bête noire, el PP. No resulta excepcional que un partido, tras provocar un conflicto, se presente como el que mejor puede gestionarlo, pero este caso de travestismo político merece entrar en el Guinness. Abarcar el conjunto del espectro político es una fantasía de muchos que sólo unos pocos se atreven a hacer realidad. Entre esos pocos, el PSC, un partido que fabrica discursos para todos los caladeros y tanto corteja a los seguidores de la Falange como a los adoradores de Companys.

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