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Cristina Losada

De Malraux a Sinde

Más preocupante resulta que la cultura en España se haya identificado hasta tal punto con el famoseo, que cuando se habla del "mundo de la cultura" las grandes referencias son Pilar Bardem y otros ilustrados miembros de cofradías como la PAZ y la Ceja.

Cristina Losada
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Dicen que Zapatero deseaba que César Antonio Molina hubiera sido su Malraux. El auténtico Malraux, ministro de Cultura de De Gaulle, fue recibido en la Casa Blanca de Kennedy con una cena a la que asistieron doscientos escritores, pintores, actores y músicos. Saul Bellow cuenta que en ese banquete varios literatos proclamaron que daba comienzo una nueva era, pues la presidencia de Estados Unidos, apegada durante tantos años a los calzoncillos largos, o sea, pueblerina, por fin se modernizaba y respetaba la cultura. Con tales actuaciones, la presidencia de Kennedy, en vez de quedar marcada por sus desastres, pasaría a la historia como la viva imagen de un moderno Camelot. El problema de Zapatero de cara a la posteridad es que a su particular Camelot le sobra la última letra.

El ascenso de González Sinde a las alturas ministeriales ha sido acogido con hurras por sus compañeros del cine. Ha sido todo un éxito el suyo. Han tumbado a Molina, que no satisfacía con la diligencia debida sus demandas. Naturalmente, de dinero. Podemos hacer chistes sobre cómo el cine se carga a la literatura, como también sobre el hecho de que el estado de la cultura venga determinado por la cultura del Estado. El cine español, desde luego, vive del Estado, quiere decirse de los contribuyentes, y ése es el círculo vicioso que lo condena a la ruina y a nosotros a pagarla. Ha dicho Sinde que cree en la cultura como generadora de bienestar. Desde que Freud escribió El malestar en la cultura ha llovido mucho. Hemos pasado a la incultura del malestar y al bienestar de la cultura. Sinde buscará, por lo menos, el bienestar de la industria del cine.

El lobby del cine ha colocado en la cúspide a uno de los suyos, pero este nuevo Gabinete de Zapatero es un Gobierno de concentración de lobbys y lobbytomizados que tendrán que andar a la rebatiña por el presupuesto. Más preocupante resulta que la cultura en España se haya identificado hasta tal punto con el famoseo, que cuando se habla del "mundo de la cultura" las grandes referencias son Pilar Bardem y otros ilustrados miembros de cofradías como la PAZ y la Ceja. A una recompensa por estas actividades lúdico-políticas de la farándula se atribuyen el cese de Molina y la llegada de Sinde. Sería, así, un intercambio de subvenciones por respaldo político. Pero esta explicación de determinismo económico olvida que los gobiernos del PP no cerraron el grifo a la industria cinematográfica.

Es verdad que Sinde no podrá ser el Malraux de Zapatero, pero a cambio la guionista de películas con títulos tan estimulantes desde el punto de vista cultural como Mentiras y gordas o La puta y la ballena no tendrá dificultades para superar a la inolvidable "pixit y dixit".

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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