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Cristina Losada

De un iluminado a otro

En las tres elecciones que se perfilan en el horizonte resalta un factor común: el hundimiento de los socialistas.

Cristina Losada
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Tres elecciones distintas tenemos en el horizonte, y en las tres resalta un factor común. El ingrediente que aparece en todos los pronósticos, sea en Galicia, en el País Vasco o en Cataluña, es el hundimiento de los socialistas. Tan natural se diría, que no se le presta atención, aunque un descalabro así tiene pocos precedentes. Su caída libre no le va a la zaga, en velocidad, a la que protagonizaba Baumgartner, pero sin paracaídas de última hora, están abocados a romper el suelo electoral. Hay un síntoma particularmente humillante, y es la dificultad para encontrar público a la tournée gallega de Rubalcaba, cosa muy desagradable que obliga a quitar sillas vacías y pescar audiencia a la desesperada. Sobre todo si tercia la comparación, y no con el PP, sino con el PSOE de ayer. Porque Zapatero llenaba sin despeinarse el estadio de Riazor y aún se le quedaban miles de fans a las puertas, contentos de seguir la magia en pantalla gigante.

Desapareció Peter Pan, no ganó el congreso Campanilla y ha quedado un capitán Garfio que espanta a la gente, a pesar de su astucia y sus mañas, o por eso mismo. Los fenómenos de desafección masiva repentina, como el que afecta al Partido Socialista, se atribuyen a un "cambio de ciclo" y así se ahorra el esfuerzo de explicación. Pero incluso ese pobre diagnóstico es incierto: no ha cambiado el ciclo, sólo han cambiado los protagonistas. La huida de la realidad que representó Zapatero, en grado que parecía insuperable, la encarnan ahora dirigentes como Artur Mas. El nacionalismo catalán y a su rebufo el vasco recogen, y con mayor propiedad si cabe, todo el flujo de sentimentalización de la política, toda la querencia por los milagros políticos, toda la adolescente repulsa por lo real que personificó y sembró ZP. No ganaba porque tuviera los pies en el suelo, sino por lo contrario. De ahí que resulte vana, además de inverosímil, la oferta de realismo que hace, ¡a buenas horas!, el PSC.

Cómo se va a comparar la prosaica realidad con un viaje a Ítaca con el billete pagado, todo seguro. Ese pack Aventura diseñado para las clases medias que ofrece Mas, con destino a un híbrido de la isla de Jauja y la república independiente de Ikea, al que se llegará con más dinero en el bolsillo del que se tenía al empezar. Siempre hay gente dispuesta a creer que puede comerse el pastel y conservarlo al mismo tiempo. Se demostró, cuando Zapatero, que la había en cantidad. Y no hizo mutis con él, qué va. Pasó de un iluminado a otro. 

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