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Cristina Losada

El breve fin del largo reinado

El caso es que la emancipación de las mujeres españolas tuvo lugar hace mucho tiempo. Y no han sido ZP y su "feminismo" publicitario los que han permitido, dicho sea con sus términos, que las mujeres tomen el control de sus vidas.

Cristina Losada
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Acostumbrada a leer en cierta prensa extranjera los artículos más extravagantes sobre nuestro país, no me extrañó el titular que se me apareció en una página web: Victoria de las mujeres macho en España. La foto que lo acompañaba me ratificó en el error. Leído más despacio, el titular decía otra cosa. Era de la victoria de las mujeres en la "España macho", de lo que hablaba aquel comentario del Washington Post. Como en los cuentos románticos había un héroe, que era ZP, y una heroína, que no podía ser otra que De la Vogue. Pero no era ésa la única tradición a la que respondía el texto que firmaba Molly Moore. Pertenecía al viejo género periodístico y literario que gusta de contemplar a la sociedad española como ese explorador que descubre maravillado que una tribu inmersa en la Edad de Piedra hasta anteayer ha empezado a avanzar por la senda de la civilización.

¡Y a qué ritmo! Han bastado dos años para encauzar hacia su ocaso, o poco menos, el largo reinado del machismo. Si ya lo dijo ZP en cuanto llegó al poder: desde este momento, se acabó el macho, digo, el machismo. Y es que la cosa era bien fácil. Sólo hace falta poner en el gobierno a tantas mujeres como hombres, ni una más ni una menos, pues la igualdad, para estas gentes, equivale a paridad. Seguidamente, se introduce la insania de las cuotas en organismos, partidos, empresas, y en todo cuanto pueda meter su pezuña el poder político. Luego, se legisla la obligatoriedad de que los hombres ayuden en las tareas domésticas con o sin delantal. Y, zas, ya tiene el gobierno algo asegurado: la alabanza de quienes, a uno y otro lado del océano, profesan con fervor cuasirreligioso la nueva ortodoxia. Esa que persiste en confundir igualdad de oportunidades con igualdad de resultados. ¿Ganan las mujeres? No. Ganan los lobbies que explotan el argumento de género. Las mujeres pierden, como cualquier ciudadano, cuando se elige para puestos de responsabilidad no en razón de la capacidad sino del sexo.

Un pequeño punto oscuro descubre Moore en esta "revolución cultural" implantada, como otras de infausta memoria, desde arriba. Y es que la ley contra la violencia de género no ha disminuido los asesinatos. Estos, al contrario, suben. Pues vaya sorpresa. Ya hubo quien lo advirtió. Pero no se hallará al "progresista" que, a la vista de los negativos resultados de alguna de las medidas impuestas bajo tal etiqueta, se entregue a una reflexión crítica sobre las mismas. Hay que salvar el dogma establecido de los arañazos de la realidad, y la política de las buenas intenciones no se somete a pruebas empíricas. De modo que se da la bienvenida a cualquier explicación peregrina, con tal de no reconocer que la ley que se presentó pomposamente como la solución al problema, no ha conseguido resolverlo y ha creado otros. Los efectos imprevistos. Un clásico.

Clásicos también, y rancios, son los tópicos que manejaba la corresponsal del Post sobre España. ¿De qué época habla la buena señora? Y aún así. Pero el caso es que la emancipación de las mujeres españolas tuvo lugar hace mucho tiempo. Y no han sido ZP y su "feminismo" publicitario los que han permitido, dicho sea con sus términos, que las mujeres tomen el control de sus vidas. La papeleta que nos ha tocado hoy, aquí, a mujeres y hombres por igual, es un gobierno que nos lo quita. Y que ha importado de Estados Unidos ese instrumento de dominio y opresión que componen los clisés impuestos por la corrección política.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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