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Cristina Losada

El comodín del PP

Los estrategas socialistas se proponen que la gente se preocupe por lo que ellos quieren que se preocupe. La guerra de Irak, verbigracia. Tan alejada de los intereses de la gente, y mira tú por donde, 11-M mediante, decidió unas elecciones.

Cristina Losada
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He leído que Piqué centrará su campaña electoral en lo que interesa a la gente, y no en el Estatuto ni en la cuestión identitaria. He escuchado a dirigentes del PP gallego argumentar con brillantez que no hay que entrar al trapo de si Galicia es o no una nación, sino abordar los temas que preocupan a la gente, como, qué sé yo, la cuota láctea. Y he visto que la dirección nacional de ese partido se propone hablar de las cosas que en verdad inquietan a los españoles. Cuáles son ésas las enumeraba Rajoy en el Congreso de las Nuevas Generaciones: irse de vacaciones, que se apaguen los incendios, que no suban las hipotecas, que haya agua. Total, que el PP quiere encarar las elecciones venideras pensando en la gente. Pero no en la gente que se alarma por la escalada triunfante de los nacionalismos, el terrorista incluido, de la manita de ZP. Hacia eso no dirigirá sus focos. Es decir, no hacia lo que más quita el sueño a sus votantes potenciales. Que no es la ineptitud del gobierno, sino lo contrario: su eficacia en liquidar el régimen democrático nacido en 1978.
 
Qué bueno sería que los problemas que citan los dirigentes populares fuesen los más graves. Serían los descosidos propios de un país normal, gobernado por una pandilla de inútiles. Y esos ciudadanos a los que presentan su oferta, mirarían por su bolsillo,  esperarían una gestión competente de quienes se lo aflojan, y votarían en consecuencia. Qué bueno, si fuera cierto. Pero este país no es ése. El gobierno de ZP lo ha propulsado a una órbita distinta a aquella en la que había girado, con mayor o menor donaire, desde la Transición. Y allí está,  dando tumbos con los cimientos removidos, las vigas maestras tocadas, y los derechos individuales y la libertad maltrechos. Un empujoncito más y sanseacabó. Las obsesiones de ZP, ésas en las que el PP no quiere entrar porque  no preocupan a la gente, han logrado ese descalabro en dos años. Más eficiencia destructiva, imposible. Y poco importa, para el caso, que la labor de Zapa responda a un proyecto acabado o no.
 
Además, ¿cuántos votan con la cabeza? La seguridad, la inmigración, y esa ristra de temas que cuelgan en las encuestas preocuparán  a muchos, pero de ahí a votar en función de ellos, va un  trecho. Y largo.  Si se eligiera papeleta atendiendo al raciocinio, ni estaría Zapatero en La Moncloa ni el felipismo se hubiera prolongado mientras crecía el paro, florecía la corrupción y se arruinaba el país. González ganó por última vez  apelando a las emociones. ZP lo mismo, y sin rastro de programa viable. De lo que va a resultar que los del PP son los últimos marxistas, convencidos de que la conciencia la determinan las condiciones materiales. Aunque su estrategia recuerda más a los apóstoles del “consumo responsable”. Quieren convencer a Juanita de que compre sólo lo que necesita, y Juanita se lleva ese trasto inútil que anuncia un guaperas en la tele.
 
Todo eso de proponer soluciones al detall está muy bien, pero en  épocas de estabilidad y sosiego. Para eludir la realidad ya está ZP, clavado en el aquí no pasa nada, España no se rompe, paz a la vista, y esto es Jauja. Prometerá más de lo mismo, y ese eterno par de ordenadores por alumno. Y el PP será el de la guerra y la mentira. Otra vez. Porque los estrategas socialistas se proponen que la gente se preocupe por lo que ellos quieren que se preocupe. La guerra de Irak, verbigracia. Tan alejada de los intereses de la gente,  y mira tú por donde, 11-M mediante, decidió unas elecciones. Pues así mismo se la van a dar de nuevo al PP, si renuncia a modificar la opinión pública, pide siempre el comodín del público y se pliega a lo que diga la gente. Cómodo sí es.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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