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Cristina Losada

El comunismo es sagrado

La izquierda que todavía conserva sus viejos lazos sentimentales e ideológicos está dispuesta a tolerar que uno sea del PP, pero no soporta que alguien sea anticomunista.

Cristina Losada
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Sigo las crónicas de Díaz Villanueva sobre el "proceso" que le han montado en Leganés a Jesús Gómez con la curiosidad y el asombro que despertaría un folletín decimonónico. La diferencia es que los hechos narrados son muy del siglo XX. La campaña de difamación del PSOE e IU contra el portavoz de la oposición en aquel ayuntamiento desprende el inquietante aroma de la centuria de los totalitarismos. Tanto el procedimiento como el lenguaje atestiguan el parentesco con las operaciones de liquidación emprendidas bajo la batuta de Stalin. Así, la tergiversación desvergonzada de un texto, de unas palabras, de un gesto, a fin de construir una acusación delirante. Y así, la demanda de retractación que precedía a la necesaria "rehabilitación" en algún campo de trabajo esclavo.

A Jesús Gómez le entresacaron un par de líneas de un artículo para hacerle decir lo que no decía. Se fabricaron, de ese modo, la especie y la noticia de que era partidario de arrebatarles a los padres comunistas la tutela de sus hijos. Desde esa falsedad, se le sometió a un nutrido fuego de artillería, comparaciones con Goebbels incluidas, y se exigió que se le destituyese, se retractase y, como si fuera un delincuente, se rehabilitase. ¿Dónde? En Leganés hay abundante iconografía comunista, pero los nostálgicos de los viejos tiempos tal vez sueñan con incorporar monumentos realmente inspiradores como una Lubianka o un Gulag de andar por casa. Y es que resultan inevitables esas referencias. Los instigadores de la purga no se leyeron el ensayo que denunciaban –como reconocieron, para agregar el toque grotesco–, pero debían de echarle un vistazo a la literatura sobre los "procesos de Moscú". Verían, en todo su esplendor, a sus ancestros.

Los motivos del acoso son prosaicos, desde luego. El poder y punto. El PP ha denunciado corruptelas e irregularidades y puede hacerse con el gobierno de Leganés en mayo. Pero hay más. En aquellas líneas, Gómez consideraba el comunismo como "la secta más criminal que la Historia jamás haya visto". Y eso duele, daña y no se perdona. La izquierda que todavía conserva sus viejos lazos sentimentales e ideológicos está dispuesta a tolerar que uno sea del PP, pero no soporta que alguien sea anticomunista. El comunismo permanece en sus altares como una reliquia sagrada. Enunciar su realidad es profanarla. De ahí, la furia contra Jesús Gómez.

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