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Cristina Losada

El cuadro y el puzzle

La nación española definida en la Constitución se rebaja y al final de la temporada se podrá proceder a su liquidación

Cristina Losada
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Cuando Galdós recrea los sucesos del cantón de Cartagena, cuenta cómo la fragata Almansa, en manos de los cantonales, sale del puerto de aquella ciudad con rumbo a una potencia extranjera: Alicante. Las cursivas son del escritor. La nave arbolaba bandera española, detalle típicamente español. El objetivo de la incursión, como de otras que practicaron los cantones, era apoderarse de las arcas de la vecina urbe. Puro realismo. Eso sí, con el discurso místico y demagógico de la rebelión contra el gobierno central. Tragicomedia del XIX. Locuras que hoy leídas parecen inverosímiles. No tanto cuando se lee lo que ahora, con estilo más vulgar, dicen no ya los partidos nacionalistas, que en ellos es lógico y habitual, sino miembros del Gobierno y de las altas y bajas instituciones del Estado.
 
Francis Fukuyama decía en Madrid que Europa se aboca a quedarse en la retaguardia, entre otras razones, por actuar según un concepto que debilita la legitimidad democrática del Estado-nación constitucional y democrático. Si el lúcido profesor tuviera razón, una España dominada por el impulso disgregador, que se ha acelerado como las partículas subatómicas en el CERN desde la llegada al poder de los socialistas, quedaría a la retaguardia de la retaguardia. El último de la fila. Si la nave va en la dirección de la fragata cantonal. Y no parece tan distinto el rumbo. Los socialistas soplan de consuno con los partidos nacionalistas de vocación separatista, a uno de los cuales alojan en su seno, y levantarán el viento que habrá de empujarla.
 
Desde que ZP descansa en La Moncloa, arrecian las declaraciones que deprecian el concepto de nación en tanto se refiere a España y lo revalorizan en cuanto afecta a ciertas comunidades autónomas. Esa es la paradoja. La nación española definida en la Constitución se rebaja y al final de la temporada se podrá proceder a su liquidación. Al tiempo, ese concepto, "discutido y discutible" en opinión del presidente, se regala sin discusión alguna, con generosidad selectiva, a los que quieren montarse su cantón. Que son minoría. ¿En qué quedamos? Se vacía el concepto de nación en un caso y se llena en otros. Se salda una nación mientras se entrega nación al más engallado. Estamos en los juegos, no inocentes, de palabras, y vendrán después los hechos consumados. La liquidación se quiere hacer como si no fuera la cosa, sin mucho ruido y por la puerta de atrás. Y se circunvalarán los procedimientos que la Constitución establece para su reforma hasta que, serradas las vigas maestras, el edificio caerá por su propio peso.
 
En uno de sus artículos sobre la II República, Julio Camba cuenta que durante el debate sobre el Estatuto de Cataluña en el Congreso hubo de sacarse de la cama a Ortega y Gasset para que explicara allí que los conceptos de autonomía y federalismo no eran análogos, sino opuestos. "Para aquellos energúmenos, era lo mismo ensamblar las piezas de un puzzle a fin de formar un cuadro, que coger un cuadro y hacerlo añicos, al objeto de crear un puzzle". Y eso que, entonces, la izquierda se enorgullecía de llamarse española. La que hoy tenemos ha resucitado la alianza con los partidos nacionalistas que ya forjara en los años finales de la dictadura y ve en ella la garantía de su perdurabilidad en el poder. Si cuando llegue el momento, hay algún Ortega por ahí, no lo llamarán ni le harán caso. Ni siquiera tiene hoy el debate términos claros, como entonces. Es más, no habrá cuadro que componer cuando lo hagan puzzle.

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