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Cristina Losada

El espejo mágico del PP

Los problemas del PP no se reducen al envejecimiento de líderes y candidatos. Y la evidencia la tienen al lado, en el PSOE.

Cristina Losada
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Los problemas del PP no se reducen al envejecimiento de líderes y candidatos. Y la evidencia la tienen al lado, en el PSOE.
EFE

Hay una escena de Pretty woman que siempre me divierte mucho. El rico hombre de negocios que interpreta Richard Gere lleva a Julia Roberts, la encantadora prostituta que ha contratado, a una boutique de alto standing para comprarle ropa. Allí coge al encargado de la tienda por banda y después de informarle de que va a gastar una "cantidad indecente" de dinero, le dice cuál es la contrapartida: tiene que haber mucha gente “haciéndonos la pelota, porque eso es lo que nos gusta”. En los partidos políticos, que a veces gastan una cantidad indecente de dinero, no hace falta ni decir que hay que hacerle la pelota al jefe. Es costumbre y habilidad necesaria, allí como en tantos otros campos de la vida. Pero junto a ese arte se cultiva otro igualmente relacionado con el balón: pasar la pelota. Esto suele ocurrir cuando las cosas van mal, pues a la derrota, pese a lo que dijo Napoleón, también se le buscan padres.

El Partido Popular anda metido en la búsqueda de padres de la derrota, padres a los que unos ponen nombre y apellidos y otros llaman problemas de comunicación. En este brote introspectivo ha tenido especial protagonismo el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, con un llamamiento a que Rajoy se mire en el espejo para decidir, consigo mismo y su imagen especular, si ha de presentarse candidato a las generales. Al parecer, el propio Herrera se había mirado antes en el espejo y vio que era conveniente retirarse para dar paso a una renovación. Una revelación que estos días han tenido otros veteranos dirigentes del PP que han perdido el poder, aunque no sea éste el caso de Herrera.

La actitud de esos dirigentes es, en principio, loable. Se miraron en un estanque de votos afectado por la sequía y entendieron que había sonado la hora de retirarse. La cuestión impertinente es por qué no acudieron al espejito mágico antes de las elecciones y obraron en consecuencia. Y la cuestión es muy pertinente si lo que están planteando como vía de recuperación del Partido Popular no es más que una cura de rejuvenecimiento. Si están, en fin, en el tópico del relevo generacional como santo remedio.

Los problemas del PP no se reducen al envejecimiento de líderes y candidatos. Y la evidencia la tienen al lado, en el PSOE. Ahí está el joven Sánchez como producto de la renovación –el único seguramente– y como prueba de las limitaciones de la operación cosmética: el partido no avanza en votos, sino que avanza en el declive. Es más, en la ciudad de Madrid quedó por debajo de la candidatura tutelada por Podemos, cuya cabeza visible era una señora de 71 años, que será con casi plena seguridad la nueva alcaldesa. No quiero decir con esto que haya que subestimar el efecto de los cambios estéticos, que en la sociedad del espectáculo tienen su importancia. Pero los dos grandes partidos, cuando se miren en el espejo, deberán encontrar algo más que una incitación a poner caras nuevas y frescas. Será condición necesaria, dado el juvenilismo ambiental, pero es insuficiente.

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