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Cristina Losada

El estrellato del capitán

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Se sabía que teníamos en Galicia y allende el Padornelo, entre los seguidores de la misma religión política, un lobby dedicado a promover la beatificación del capitán del Prestige, Apostolos Mangouras, hoy en libertad condicional y a la espera de juicio, acusado de desobediencia a las autoridades españoles y de delito ecológico. Alguna voz se alzó para que se le presentara a las elecciones gallegas como benefactor que había sido del terruño, y alguna avisó de que asomaban los primeros brotes de un nuevo culto, que sustituiría al viejo apóstol guerrero de siempre por este apóstol griego, marino y marrullero. Que no sorprenda, entonces, que ahora se le quiera elevar, es un decir, a la categoría de estrella de cine. Era lo que faltaba y, finalmente, llegó.
 
Los cineastas apiñados en la plataforma Hay Motivo (HM) han visto en Mangouras lo mismo que vieron los oteadores de Nunca Máis (NM): madera de ariete contra las decisiones que tomaron las autoridades españolas durante el accidente. El capi y sus capos, algunos de los cuales eran auténticos jefes mafiosos, pero eso no es tema para el cine, son los primeros interesados en que se les exonere de toda culpa, a fin de ahorrarse, además de la cárcel, el pago de indemnizaciones al Estado español. El que contamina paga, parecía un principio aceptado en los países civilizados. Pues según y quién. Los fieles de Mangouras desean que los propietarios del Prestige se libren de “la dolorosa” y que la cuenta la paguemos entre todos. Tienen un interés superior: que pague un precio politico el PP.
 
La secta mangourista, representada por treinta capitanes de la Marina mercante, entre ellos, al menos, un miembro destacado de NM, celebró hace poco un enternecedor ritual: una cena de desagravio al capitán, quien, según ellos, fue el único que arriesgó su vida por evitar el accidente. No, no fueron los tripulantes de los remolcadores ni el experto que bajó de madrugada para poner en marcha las máquinas del barco, que a la deriva llegó a pocas millas de la Costa de la Muerte, los que corrieron el riesgo, sino el apóstol que desobedeció las órdenes de dar remolque hasta que no recibió luz verde de sus armadores. Además, los fieles han propuesto al capi para el principal premio naval del mundo, por su beatitud y coraje. Pues pretendía llevar el barco, dicen, a Corcubión, no importa si repartiendo su carga durante el viaje y quizá llevando la bendición final a dicha ría. Aunque hay que decir que la empresa de salvamento contratada por los armadores adónde quería llevarlo era a Vigo.
 
Pere Joan Ventura, cámara de TVE, asistente de dirección de Vicente Aranda y autor de un documental sobre los trabajadores de Sintel aderezado con música de Manu Chao, dedicará sus tres minutos sobre el Prestige, en la peli colectiva que se prepara, a ese homenaje que dieron en Barcelona al héroe griego de los mares. Quién nos iba a decir que ese episodio sería considerado como el más emocionante y significativo de la catástrofe. Cierto que poco se puede hacer en tres minutos sobre un asunto tan complejo. Pero abordar la complejidad y pretender la objetividad, no figuran en las leyes de la religión de la secta. Entre las 15:15 horas en que el Prestige lanzó su primer SOS pidiendo la evacuación de la tripulación y las 21:00 horas, en que el capitán accedió al remolque, pero descubrió, oh, inocente, que carecía de personal para hacerlo, podía haber material interesante para una película. No la harán nuestros cineastas. Estos, no. Con un ¡viva Mangouras! darán el muera al gobierno que les pide el cuerpo. El capitán que estuvo a punto de estrellar el Prestige contra la Costa de la Muerte subirá, porque hay motivo, al estrellato.

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