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Cristina Losada

El final de los mindundis

Tal vez se trata únicamente de un quítate tú que me pongo yo. Pero sería bonito que fuera una rebelión contra los mindundis, contra aquellos good for nothing que hicieron su propia revuelta con el culiparlante Zapatero como mascarón de proa.

Cristina Losada
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La ministra de la Guerra se ha rendido y no seré yo quien lo lamente. Los políticos profesionales llevan ahora mala fama, pero hay instantes en los que sólo se puede exclamar: ¡ya está bien de aficionados! Así, celebraré cada ocasión en que uno de los imberbes dé un paso atrás y tengo por gran noticia que Chacón se retire de la carrera, o la hayan retirado. Cuando un partido se encuentra con sus cuotas de poder en vías de extinción, arriesgarse a que cojan el volante quienes aún circulan con la L es de una temeridad demente. En una emergencia, el auténtico profesional percibe el peligro, igual que el amateur se percata de la oportunidad que tiene. Sólo aquí y ahora, en la confusión y el marasmo, desde el Gobierno, con la protección y la bendición del todavía secretario general y presidente, podía llegar Chacón a la cima.

¿Y con qué méritos?, preguntarán. El proyecto político que acaba de presentar y de retirar, al mismo tiempo, impresiona por su simpleza, pero carece de importancia. Las bazas de Chacón, como ella se encargó de destacar, eran su condición de mujer y de catalana. Dos señoras virtudes para alcanzar La Moncloa y dos raras cualidades que España, a tenor de sus palabras, estaba preparaba para asumir y premiar. Pero la cuestión, claro, nunca fue si España estaba preparada; la cuestión era si lo estaba Chacón. Y sus compañeros dirigentes no lo creen. Quizá han tenido bastante con la película experimental de Zapatero y no quieren ver una secuela ni en pintura. Tal vez se trata únicamente de un quítate tú que me pongo yo. Pero sería bonito que fuera una rebelión contra los mindundis, contra aquellos good for nothing que hicieron su propia revuelta con el culiparlante Zapatero como mascarón de proa. Y triunfaron.

El mindundi puede ganar, por supuesto. Nadie le discute habilidades, emotividad, empatía y artimañas de apparatchik. Ahí está la carrera del chico de León como prueba. Pero como prueba tanto del éxito como del desastre; desastre para la nación y, a la postre, desastre para el partido. El telón está a punto de caer. La capitulación de "la niña de González", de la petite soeur de Zapatero, aboca a suponer que las primarias se cancelan y con ellas, la presidencia. Un presidente así desautorizado, al que se le despoja incluso de la capacidad de elegir la forma y el plazo de su muerte política, está para recoger sus cosas y marcharse. Sic transit.

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