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Cristina Losada

El fraude de Bassi

Se ha instalado un doble rasero. La censura y la autocensura rigen ante cualquier obra o acto que pueda molestar a religiones y culturas no occidentales y al islam, en particular. Al tiempo se aplaude y estimula cuanto agravie a cristianos y a judíos.

Cristina Losada
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La Universidad de Valladolid ha patrocinado una conferencia que tilda de "fraude histórico a combatir" las raíces judeo-cristianas de Occidente. De haber sido el ponente un erudito, una tendría gran interés en saber qué alternativas ofrece para explicar nuestros orígenes. ¿Serán budistas, shintoistas, hinduistas, zoroastristas o islámicos directamente? Pero resulta que el intelectual que expondrá la extravagante tesis es un cómico. Un señor que ha encontrado un filón en la militancia bufa contra el cristianismo, tan convencional y apolillada. Hay quienes consideran que el show que acoge la institución universitaria constituye una ofensa a los católicos. Conocida la trayectoria del avispado farsante, seguro que lo será. Es más, no será otra cosa ni tampoco lo pretende. Pero, ante todo, es una ofensa a la inteligencia.

Hace cien años aún causaba escandalera la representación de una obra como Electra, convertida en alegato anticlerical por un público predispuesto a la gresca. Pero hoy, en el secularizado Occidente, nada hay menos epatante que la crítica y la burla a las religiones domésticas. Desde que coincidieron el multiculturalismo –todas las culturas son respetables, salvo la nuestra– y el temor a los islamistas, la libertad de expresión ha reducido su espacio de forma drástica. Son pocos los que quieren verse en la tesitura de un Salman Rushdie, forzado a años de vida clandestina por una sentencia de muerte del ayatolá Jomeini; de un Theo van Gogh, asesinado; de una Hirsi Ali, amenazada; o de los autores y editores de las caricaturas de Mahoma. Y escasos son también los dispuestos a soportar las denuncias de racismo, islamofobia, imperialismo o fascismo que caen sobre quien infrinja la selectiva ley del silencio.

Se ha instalado un doble rasero. La censura y la autocensura rigen ante cualquier obra o acto que pueda molestar a religiones y culturas no occidentales y al islam, en particular. Al tiempo se aplaude y estimula cuanto agravie a cristianos y a judíos. Hacer mofa y befa de sus creencias se ha convertido, incluso, en marchamo de "progresismo" allí donde el vacío ideológico se rellena con rancias furias anticlericales. De eso vive el bufón de la conferencia o espectáculo. De eso y de la suerte de residir en un Occidente de raíces judeocristianas. Podrá cometer el "fraude histórico" de negarlas y escarnecer a gusto al Papa y a los curas sin que le dediquen una fatwa. Porca miseria.

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