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Cristina Losada

El gran salto y la revolución cultural

Tras el fiasco del Gran Salto Adelante, ¿qué hizo el Gran Timonel sino lanzar la aún más delirante Revolución Cultural? La utilidad de la ideología para tapar los fracasos económicos ha sido mil veces comprobada.

Cristina Losada
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El presidente ha confiado a sus parlamentarios que estamos en la segunda fase del combate contra la crisis. Es un pequeño gran salto pasar a la segunda fase cuando no se ha cumplido la primera. Y un salto que se debe en exclusiva a la firme creencia de Zapatero en que las palabras están al servicio de la política. Los anticuados que mantienen cierto apego a la racionalidad piensan que la política es la gestión de los asuntos públicos. El socialismo gobernante, en cambio, está convencido de que la política consiste en crear estados de ánimo. La remodelación gubernamental y sus secuelas persiguen inducir en el respetable la ilusión de que ha nacido un "tiempo nuevo". La segunda legislatura empieza ahora, en esta segunda fase que no tuvo primera.

Los mantras de esta extraña situación son del tipo: cambio de ritmo, estrategia integral, diálogo (viejo conocido) y fortalecer la posición de España en el mundo. Esto último significa proyectar a Zapatero en el exterior (no al exterior) a fin de fortalecerlo en el interior. La imagen de gran estadista. En cuanto al programa, ah, el programa que el presidente desgranó ante los suyos todavía resulta más raro que la situación. Raro en relación con el objetivo proclamado, que es combatir la crisis económica y no la crisis que el Gobierno sufre al haber perdido aliados y la que podría padecer si los grandes sindicatos decidieran, cosa improbable, movilizar a sus huestes. Sin olvidar la crisis de confianza que muestran los sondeos.

Hay que acudir a los clásicos para entender los íntimos vínculos entre la lucha contra la recesión y ese programa que encabezan las leyes sobre el aborto, la igualdad de trato y la no discriminación y la libertad religiosa. Tras el fiasco del Gran Salto Adelante, aquel demente plan que iba a elevar a China por encima de Occidente y provocó una hambruna y un retroceso brutal, ¿qué hizo el Gran Timonel sino lanzar la aún más delirante Revolución Cultural? La utilidad de la ideología para tapar los fracasos económicos ha sido mil veces comprobada. El socialismo de Zapatero no vino al mundo para gestionar crisis, de ahí que en ese trance recurra, de nuevo, a marcar pose ideológica y a la Kulturkampf.

De todo lo cual se deduce la importancia de reducir la publicidad en las televisiones públicas. Esta gran medida contra la crisis de las cadenas privadas, tan solicitada por ellas y tan contradictoria con la defensa de "lo público" de la que alardea el socialismo, asegurará al Gobierno tranquilidad. Una prórroga de la que ya tiene. Unas teles rebeldes pueden hacer mucho daño. Recuérdense el Prestige e Irak. La complicidad de la caja tonta es condición necesaria para continuar viviendo en este mundo feliz, fuera de la realidad.

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